sábado, 19 de agosto de 2017

Sabino Méndez: Literatura universal



Idioma original: Castellano
Año de publicación:  2017
Valoración: Muy recomendable

Me falta originalidad, lo reconozco. Hasta para nacer. Lo hice en pleno baby boom hispano, esas familias que alcanzaron la tierra prometida del consumo cargadas de niños que en su adolescencia se empeñaron en ponerse hasta el culo de libertad. Nuestra banda sonora no se entiende sin Loquillo, en cuyos Trogloditas ejerció de letrista y guitarrista Sabino Méndez,  hasta que el choque de egos y la adicción a la heroína le descabalgó de los escenarios. 

Sabino Méndez (Barcelona, 1961) ha puesto a nuestra disposición en sus canciones (Quiero un camión/ escupir a los urbanos/ a las chicas meter mano) y en sus libros una mitología, un camino iniciático, una específica educación sentimental; la del chico de barrio humilde a quien la promesa de aventura del rocanrol y la literatura provee de legitimidad y método para el ascenso social. La idea no es mía, a mí me falta originalidad. Es de Germán Labrador y la ha explicado en su excelente ensayo Culpables por la literatura, donde hace un revelador repaso de aquella (desastrada) generación y sus anhelos de transgresión, originalidad y ebriedad. 

Si hasta ahora los libros de Sabino Méndez -Corre rocker, Hotel tierra, Limusinas y estrellas…- se nutrían de la realidad como horma de su escritura, en Literatura universal se cortan amarras para lanzarse a la ficción, aunque sea  encajada en unos parámetros de tiempo y espacio que son los de la propia trayectoria vital del narrador. Posiblemente haya embutidas en sus páginas identidades veladas y anécdotas y situaciones reales, dispuestas para jugar al escondite con el lector mitómano. Como hay también cientos y cientos de citas literarias, de clásicos y contemporáneos, incrustadas en el relato, formando parte de él, aderezándolo, igual que la literatura y la creatividad son parte fundamental de la vida sus protagonistas, tal y como nos recuerda el título estampado en la portada y la argucia de la carta al editor que precede al relato; la ficción como copia de la vida y de los otros libros.

Literatura universal arranca en la primavera de 1977, cuando Simón B. Sáenz Madero inicia amistad con Paco Valls y Julio Cárdenas, los más díscolos entre el grupo de los alumnos díscolos de un colegio de curas: “estábamos aún en esa edad en que aceptamos todavía con agradecimiento nuestro propio reflejo en los espejos, en los escaparates…”. Y se lanza a través de medio millar de páginas  y de citas a contarnos los devaneos, huidas, saltos al vacío, triunfos y caídas, aciertos y miserias, de este círculo de amigos de patio de colegio, de enganchados a los libros y a las sustancias alteradoras de la percepción, que no dejan jamás de acompañar, reaparecer e influir. Amigos y sustancias.

Que Sabino Méndez haga concluir al protagonista -músico, dj- de esta ficción, narrada en primera persona, que en la escritura todo era ritmo y música, una música cerebral, inaudible en la atmósfera: la combinación del sensual y silencioso ruido mental de la lógica y las emociones sentidas, resulta una afirmación tan convincente como inapelable. Palabra, música, literatura, de un autor tocado por el talento y la perspicacia. Pese a mi total falta de originalidad, eso sí sé reconocerlo.

viernes, 18 de agosto de 2017

Helen Oyeyemi: Boy, Snow, Bird. Fábula de tres mujeres

Idioma original: inglés
Resultado de imagen de boy snow bird amazonTítulo original: Boy, Snow, Bird
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable




En esta Fábula de tres mujeres el punto fuerte son los personajes femeninos y el más débil la fábula. La onomástica es clave: quién llamó así a Boy habría deseado que fuese un chico, Bird debía ser libre como un pájaro, Snow necesitaba un sortilegio para parecer blanca a toda costa, en su familia ya había una Clara pues la genética por sí sola no siempre hace milagros.
El relato está a cargo de Boy y Bird. La primera se encarga de introducir y rematar los hechos en un primer bloque narrativo que la presenta recién iniciada la veintena y en un tercero, el más sólido de todos, que tiene lugar unos quince años más tarde. Entre medias, Bird expone su (algo endeble) punto de vista desde una adolescencia incipiente. Pero en obras de ficción es arriesgado dar la palabra a quien no tiene todos los datos ni madurez suficiente para interpretar lo que tiene delante. No falla lo que cuenta sino la forma de contarlo, en este caso, cuánto más adulta es la narradora más verosímil resulta su discurso. Ni siquiera un argumento tan magnífico y tan magistralmente desarrollado impide que el conjunto se tambalee a veces. A quien detecte algo así le recomendaría que tuviese paciencia. Las riendas están bien sujetas, Oyeyemi sabe perfectamente adónde se dirige, lo que falla es el tono.
Claro que no es poca cosa. Hablamos de una historia realmente dura desde muchos puntos de vista, con alguna escena sobrecogedora de esas que se graban para siempre, que plantea asuntos tan candentes y sensibles como el maltrato infantil, el racismo –en particular el de los que no asumen su etnia–, el papel de los progenitores (biológicos o no), el rencor, la amistad, el amor que perdura y el que se evapora, la ambivalencia de los roles de género etc. Cuestiones tan crudas y despiadadas o tan encantadoras y tiernas como la vida misma, que al transmitirse por medio de voces más o menos infantiles, con un tono que oscila entre la fábula con toques mágicos que no llegan a concretarse del todo y la objetividad más absoluta, no siempre resultan creíbles. Que la autora se haya inspirado en el cuento de Blanca Nieves (pero solo se menciona a Cenicienta) constituye un lastre que solo se supera en el último tercio.
Pero la cuestión va más allá. ¿Cómo conseguir que una vocecita infantil y llena de fantasía perfile unos personajes tan torturados y poliédricos como los que aparecen aquí sin caer en contradicciones? De ninguna manera. Oyeyemi ha logrado un elenco magnífico, del que atisbamos rasgos destacables, que no llega a definir por completo debido, una vez más, a ese tono dichoso a medio camino entre la novela y la fábula. Recordemos que esta forma de narrar se ha utilizado a menudo para dar voz a personajes que se mueven en la periferia social (ej: Tigre blanco) o a los que se restringe la libertad de alguna forma (Doña Oráculo). A veces los retratados no son simples individuos sino etnias o estirpes enteras y entonces la fantasía debe elevar aún más el vuelo tomando la forma de realismo mágico (Cien años de soledad, Beloved). Es la manera de decirlo todo y no decir nada a la vez, de sugerir en lugar de denunciar, de sincerarse sin alimentar represalias. Aunque no siempre ocurre así, pienso en Los versos satánicos, cuya naturaleza críptica e imaginación desbordante no sirvieron de gran cosa a su autor. 
Fabular implica una renuncia a los esquemas realistas sustituyéndolos por símbolos, alusiones y metáforas, algo que Oyeyemi no ha hecho, recurriendo a una hibridación que no funciona, ya que utiliza una fórmula demasiado simple para mostrar una realidad compleja y muy bien delimitada. Una realidad que considero un filón en potencia al que haría falta la mano firme de un Conrad o un Faulkner para ser explotada a fondo. El hecho es que faltan modelos en este terreno –por ahora– y que, tanto ella como otras escritoras, parecen estar dispuestas a crearlos. Cuando esto se lleve a término, los problemas específicos de la mitad del género humano adquirirán la categoría de universales.
Finalmente, nos queda una sensación de optimismo con el que no sé si estoy de acuerdo. La esperanza siempre es agradable, pero me pregunto si el horizonte que se vislumbra resulta del todo creíble.  

jueves, 17 de agosto de 2017

Ignacio Álvarez-Ossorio: Siria

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

Si me permitís un símil algo frívolo, nadie escribe una crónica de un partido que aún no ha acabado. Podría hacerse, claro, pero los flecos quedarían colgando y no creo yo que, aunque aquello esté muy lejos y, inocentes nosotros, pensamos que no puede afectarnos de cerca. Me refiero a Siria. País tan desmoronado o más que la Libia del libro de Jon Lee Anderson y país del que si su presente ya es un caos qué vamos a decir de su futuro, pero es bueno, y es interesante, que Álvarez-Ossorio intente explicar un poco qué es lo que sucede, aunque no se atisbe un final o incluso aunque el final que se atisbe sea una catástrofe que no tiene aspecto ninguno de ser bueno. Siria es el tumor de Occidente y su metástasis es imparable y emplear términos sórdidos y desagradables puede hasta que ayude a tomar consciencia.
Por variados motivos. Porque el conflicto parece ser un incendio que se extingue, porque determinada ciudad haya caído o determinado líder de ISIS haya sido alcanzado por algún ataque con algún dron o alguna bomba inteligente (oh, qué quirúrgicos y qué inteligentes somos los Occidentales oponiendo siempre la calidad de nuestra tecnología frente a la visceralidad y primitivismo de la pura fuerza bruta derivada de la cantidad del enemigo). Porque los mecanismos occidentales son generar optimismo y confianza y convicción en la victoria y decir constantemente que solamente se trata de tiempo y que su poder organizativo queda reflejado en lo cutres que son sus ataques, que ya no tienen aviones ni pilotos suicidas y que ya tienen que aferrarse al loco (ya ni se le llama célula) que se enfada un día y coge el cuchillo del pan de su casa. Porque si no se hubiera producido la oleada migratoria y el severo conflicto de los refugiados y todo se limitara a unos cuantos Hummer recorriendo carreteras llenas de baches y a comunidades con matices étnicos y religiosos que no nos preocupamos de entender matándose entre ellas por cuatro colinas donde llevar los camellos a pastar no nos estaríamos implicando lo más mínimo. O sea, cero. Pero el problema se extendió, y como en los atentados de las Olimpiadas de Munich o en el 11-S todo nos ha invadido. Y los refugiados reclaman nuestra atención y los atentados asolan nuestros plácidos lugares de turismo chic y hay que entender o interesarse.
Y este ensayo ayuda en lo que buenamente puede. Ante la limitación de una realidad cambiante y una evolución que acarrea confusión, con cambios de bando, confluencias de políticas a tres y cuatro bandas, los intereses económicos de la zona, la influencia de los grandes estados musulmanes, la perversa figura de Al Assad, practicando el surf a base de parecer a ratos el enemigo y a ratos el amigo (por el hecho de ser también enemigo de otros enemigos), buscando apoyos con los que cumplimentar su plan de perpetuarse en el poder.
Ossorio lo explica y nos recuerda, tanta bomba y tanto muerto en el conflicto y en las aguas del Mediterráneo pueden haber hecho que lo olvidemos, que Siria sólo fue otro de los escenarios de la Primavera Árabe del 2011, aquel movimiento alabado en todo el mundo que debía suponer democratización de unos cuantos estados, pero que fue el escenario en que ese movimiento no llegó a triunfar, y de ese conato surgió ese conflicto que tantos se han empeñado en capitalizar.
Un ensayo detallado explicativo, detallado, exhaustivo, neutro en su planteamiento, una puesta al día sobre un conflicto de cuyo capítulo final parecemos estar, valga la paradoja, cada día más lejos.



miércoles, 16 de agosto de 2017

Ngũgĩ wa Thiong'o: No llores, pequeño

Título original: Weep not, child
Idioma original: Inglés
Traducción: Alicia Frieyro Gutiérrez
Año de publicación:1964
Valoración: Recomendable (o algo más)

Ngugi Wa Thiongò es uno de los eternos favoritos al Premio Nobel y eternos, al menos hasta el momento de publicación de este reseña, no ganadores del mismo. Personalmente, y habiendo leído unicamente dos libros del keniata, me atrevo a afirmar que sería un más que digno ganador.

Ya reseñamos en este visionario blog "Sueños en tiempo de guerra", memorias del escritor, y coincido plenamente tanto con la reseña como con la valoración. Se trata de un gran libro.

En esta ocasión reseñamos la primera novela del autor, escrita hace más de cincuenta años. Se trata de un libro con un fuerte caracter autobiográfico o, al menos, esa impresión da tras haber leído "Sueños en tiempo de guerra". En este caso, se ambienta en la época final de la colonización inglesa y en los efectos de la misma y de la revuelta de los Mau-Mau (1952-1960) sobre los miembros de la familia de Ngotho, en particular sobre el propio Ngotho y sobre Njoroge, su hijo pequeño.

La novela transita de lo general a lo particular. En su primera parte, Thiongó describe ambientes, personajes y situaciones, haciendo especial hincapie en las relaciones sociales, familiares, culturales y económicas en la Kenia de finales de los 50. A modo de ejemplo: el acceso a la educación del pueblo kikuyu, la poligamia, la segregación racial, la cuestión de la tierra, las relaciones con los colonos blancos, etc. Esta parte del libro es, en mi opinión, la más interesante. Con un estilo aparentemente sencillo, que parecer beber en abundancia de la rica tradición oral africana, Thiong'o logra envolver al lector en la historia (o en las múltiples historias). Ese es su gran mérito: hacer fácil lo difícil.

La segunda parte se centra más en la propia revuelta y en su influencia sobre el vitalista y optimista Njoroge, quien trata de "ascender" a través de la educación. Esta segunda parte, mucho más dura que la anterior, creo que está menos lograda. Pese a que los personajes están, en general, bien construidos y siguen una evolución coherente, las situaciones son resueltas por Thiong'o con demasiada celeridad, como si hubiese una cierta premura por terminar la novela. Los hechos y el final, ojo que no es un mal final, se precipitan y dejan un regusto algo amargo después de una primera parte tan prometedora.

En cualquier caso, se trata de un buen libro, aunque algo inferior a "Sueños en tiempo de guerra". Pese a todo, es una buena oportunidad de acercarse a la obra del keniata, no vaya a ser que este año le den el Nobel y no puedas presumir de haberle leído antes.

También de Ngugi Wa Thiong'o en ULAD: Sueños en tiempo de guerra

martes, 15 de agosto de 2017

Mary M. Talbot, Kate Charlesworth & Bryan Talbot: Sally Heathcote, sufragista

Idioma original: inglés
Título original: Sally Heathcote, Sufragette
Año de publicación: 2014
Traducción: Lorenzo Díaz
Valoración: recomendable

A día de hoy (aunque a saber hasta cuándo) el Gobierno del Reino Unido está dirigido por una mujer y no es la primera que lo hace. Pero no está de más recordar que hace tan sólo cien años, que no son tantos como parece, las mujeres británicas ni siquiera podían votar (ni las españolas, ni las francesas, ni un largo etcétera...); el derecho a hacerlo lo consiguieron tras una larga lucha protagonizadad por unas damas con atuendos victorianos, coloridas bandas  y pancartas reivindicativas, que conocemos por el nombre de "sufragistas" -sufragettes en inglés-;unas combativas mujeres que, seguramente por eso mismo y pese a la justicia del innegable logro que consiguieron, no han salido bien paradas en retratos posteriores que se han hecho de ellas (aunque reconozco que no he visto aún la película titulada, precisamente, Sufragistas): en el mejor de los casos, suelen aparecer como unas simpáticas excéntricas; en el peor, como unas fanáticas exaltadas e intransigentes.

Obras como este cómic sirven precisamente para cambiar esta percepción que se tiene de las sufragistas. Y no porque nos dé una visión edulcorada de este movimiento político -incluso yo diría que todo lo contrario-, sino porque relata de forma pormenorizada pero amena la dureza de la lucha que llevaron a cabo, las dificultades y prejuicios que debieron superar para la consecución de sus justos objetivos (y no de todos, pues, por ejemplo, la equiparación salarial ente hombres y mujeres sigue sin conseguirse).  También cuenta las vicisitudes internas que vivió el movimiento sufragista, sus divisiones, rivalidades y traiciones .... como ocurre en el seno de cualquier organización humana, por otra parte. No olvida señalar, además, las otras injusticias de la época, como lasa derivadas de las diferencias de clase social, pues la protagonista, Sally Heathcote, comienza su andadura como criada de la famosa Emmeline Pankhurst, rescatada por ésta de una de aquellas dickensianas workhouses.

De hecho, aunque la protagonista de esta novela gráfica , exquisitamente ambientada en la época eduardiana sea un personaje ficticio, aparecen muchas de las figuras reales y destacadas del sufragismo británico, desde, obviamente, la señora Pankhurst y sus hijas Christabel y Sylvia, al matrimonio Pethick-Lawrence, Hannah Mitchell -al parecer, la activista que le inspiró a la guionista Mary M. Talbot el personaje de Sally- o la no menos célebre (por un motivo más luctuoso) Emily Davidson. ya digo que no todas salen siempre favorecidas: este libro no es una hagiografía, ni tampoco se ocultan las derivaciones casi terroristas -o sin casi- que surgieron del movimiento, como la protagonizada por las "Young Hot Blood".  Es muy interesante, además, comprobar las concomitancias que la lucha del movimiento sufragista tenía, al menos en cuanto a los métodos empleados y el debate interno sobre la licitud de éstos, con otros también contestatarios que habían surgido por la misma época en el seno del todopoderoso Imperio Británico: los socialistas, sindicalistas o los fenianos irlandeses.  No menos ilustrativa es la represión efectuada por las fuerzas del aparato del Estado, en este caso contra las sufragistas.

En cuanto al aspecto gráfico de la obra, destacar, junto al detallismo de que hace gala, el sabio uso de los toques de color, que hacen de contrapunto al blanco y negro general, además de servir para destacar a determinados personajes y crear ambientes. La muy cuidada edición no se queda atrás en cuanto a calidad, y convierten en una experiencia  de lo más placentera la lectura de este libro.





lunes, 14 de agosto de 2017

John Lanchester: El puerto de los aromas



Idioma original: Inglés
Título original: Fragant Harbour
Año de publicación: 2002
Traducción: Javier Lacruz
Valoración: Recomendable

Devorada por primera vez hace ya más de una década, tenía la lectura de El puerto de los aromas alojada en mi memoria en el rincón de las novelas magníficas. Recordaba haberla leído con asombro y delicia y, pese a no haber retenido demasiados detalles de la trama (ni tan siquiera el desenlace), flotaba en mi cada vez más galopante amnesia la sensación de historia redonda excelentemente contada. Con la torva actitud de aquel que se reserva con lujuria un bocado que ya sabe de excepción, la nueva zambullida en El puerto de los aromas ha sido agradable y placentera, aunque tampoco tan extraordinaria como el recuerdo me prometía.

Desde luego, la narración es fluida y la lectura por sus páginas se desliza fácil y veloz. No se precisa volver atrás ni se nos hace caer en profundidades ni recovecos. La novela va y vuelve de Londres a Hong Kong a lo largo del periodo que corre desde los años 30 hasta finales del siglo XX –en que la colonia británica fue restituida al Gobierno chino-. Lo hace esencialmente de la mano de su gran protagonista, Tom Stewart, que con veinte años parte de las orillas del Támesis buscando un horizonte más abierto y llega al gran puerto meridional de China donde transcurrirá el resto de su vida.

En El puerto de los aromas hay aventura, incertidumbre, momentos delicados, en los que la propia vida parece estar a milímetros de ser aniquilada, que son la sal y pimienta de la trayectoria de una persona discreta, prudente y razonable, hecha a sí misma y a la que, en términos generales, parece haberle ido más que razonablemente bien. Todo efectivamente relatado con amenidad y ligereza, con abundante aliño de ironía y buen humor y “con ese permanente aspecto de asombro cortésmente reprimido ante la comedia humana”, tal como el autor caracteriza a uno de los personajes.

Y sin embargo… La singladura de Tom Stewart y la trama de El puerto de los aromas depara sorpresas, novedades, giros inesperados, reencuentros imprevistos pero también una sensación de excesiva corrección, de desmedida contención; una vida sin toparse con la duda, sin cometer error, sin cargar con el defecto, sin caer en el desánimo, sin dejarse arrastrar por la pasión… Bien. De acuerdo. Tom Stewart es británico, se puede alegar. Pero, aún así, tan británico… 

Junto al protagonista principal, el autor, John Lanchester (Hamburgo, 1962), enriquece la trama con los puntos de vista de Dawn Stone, una periodista inglesa que se instala en Hong Kong a mediados de los 80, y de Matthew Ho, un joven empresario chino que asienta a su familia en Australia en previsión de que el dominio británico de Hong Kong acabe con la prosperidad de la ciudad-puerto-refugio. Con su razón de ser, su incansable empuje, su poderoso atractivo. Que, por supuesto, y la descripción de su aroma en la novela es uno de sus méritos, no es otro que el flujo del dinero circulando, escondiéndose o exhibiéndose, transformándose, reproduciéndose. Así al menos lo retrata con convicción John Lanchester en al menos tres pasajes de El puerto de los aromas. El dinero, además de no mentir, “es el único tema en el mundo que hay que tomarse completamente en serio”. Poca broma. ¿Será?

domingo, 13 de agosto de 2017

Victoria Broackes, Geoffrey Marsh (Edit.): David Bowie IS


Idioma original: inglés
Título original: David Bowie IS
Año de publicación: 2016
Traducción: Ezequiel Martínez Llorente
Valoración: imprescindible

Aprovechemos que estamos en el fin de semana más vacacionado en el hemisferio Norte para darnos un pequeño descanso de eso que, urgh, llamamos, literatura pura. Sin dejar de ser fieles y coherentes con el título de este blog, por eso. Y esto es un libro, no os quepa duda. Un librazo en todos los sentidos porque pesa como dos kilos, bastante más que un laptop de última generación, porque su hábitat natural es la posición horizontal en una mesa de centro, y porque no requiere una lectura urgente de arriba a abajo, prestándose a ello pero admitiendo el típico hojeo displicente tan dado a estas calurosas épocas.
David Bowie IS podría pasar por ser un lujoso catálogo de la exposición de igual título que ahora se muestra al público en Barcelona, pero hay que aclarar que no es solo eso. No es solo un montón de páginas donde se da un exhaustivo repaso visual a toda la historia del músico británico. Un artista que, en todas sus épocas, pero muy particularmente en esas época dorada que se corta de forma algo brusca en Scary Monsters para renacer, bien entado el milenio y bien cercana su desaparición, con sus dos brillantes últimos discos. 
El aspecto visual, obvio, es apabullante; fotos de modelos usados en vídeos y conciertos, imágenes icónicas de sus discos y sus actuaciones, story-boards de su copioso material audiovisual, fotos de archivo desde las cuales asistimos a esa evolución pendular: el adolescente escorado a la imagen mod, el joven presa de todos los excesos, pelo naranja, cejas afeitadas, expresión a la vez ausente y acelerada, siempre con una actitud equidistante entre cierta flema innata y un evidente gusto por la provocación, de vuelta al hombre maduro sobrio y elegante, con una impensable aura narcisista llevada con una naturalidad sobrenatural.
Casi da grima pensar en el escaso peso e influencia (salvo contadísimos ejemplos,  ninguno de los cuales me viene a la mente) que la imagen de los artistas actuales de referencia en el mundo de la música tiene hacia sus legiones (ejem) de admiradores, y tenemos aquí un catálogo de distintas imágenes, de reinvenciones constantes en lo estético y en lo musical, de deglución de influencias y regurgitación, la mayoría de las veces, con pleno acierto. 
En fin: no corresponde a este blog hablar de la carrera musical de Bowie. Pero sí comentar este libro. Con un texto meticuloso y objetivo donde no se repara en detalles ni en juicios no siempre reverentes. Bowie fue un artista reptílico en todos los sentidos, capaz de recuperar una y otra vez su capacidad de sorpresa, y me da que su voraz curiosidad cultural tuvo mucho que ver. Curiosidad extendida a muchos aspectos de su vida, tal como los brillantes textos se ocupan de detallar sin ápice de pronunciación, sin dejes de admiración fanática. Porque, sobre todo entre los 90 y hasta 2010, Bowie quedó en un segundo plano y publicó bastantes discos intrascendentes. Pero en los 70... exploró en la música, en la cultura, en el sexo, en las drogas. Liberó a toda una generación de barreras y de cortapisas, de corsés de todo tipo y, como dijo una emocionada Annie Lennox en uno de los múltiples homenajes que se le rindió, demostró que estaba bien ser diferente.
Este libro es un espectáculo, incluso para ajenos por completo al círculo de incondicionales del músico. Es un lujo, un stendhaliano exceso visual. Uno puede, si es de ese tipo de personas, poseer montones de libros de fotografías. Mil rincones de New York, Fotos clásicas de Ferrari, 500 jardines de Japón. Pero ninguno como este.