miércoles, 23 de mayo de 2018

Colaboración. Antonio Muñoz Molina: Como la sombra que se va

Idioma original: español.
Año de publicación: 2014
Valoración: Recomendable
De nuevo una novela de novelas de Muñoz Molina, en la que se cruzan la biografía de James Earl Ray, asesino de M.L. King, y la vida del narrador en diversos momentos de su vida: en sus inicios como novelista cuando vivía en Granada, trabajaba como funcionario en el Ayuntamiento y compartía su vida con su primera mujer y a la espera de su segundo hijo.

Coincide la narración con el germen de su primera novela de éxito “El invierno en Lisboa” en la que sin conocer físicamente la ciudad ya la había imaginado en su novela, con sus calles, sus garitos de jazz, las calles de Alfama tan parecidas al Albaicín, también con su castillo en la parte superior como la Alhambra en Granada.

La coincidencia de que el asesino de Luther King huyera desde USA y Canadá y permaneciera unos días escondido en Lisboa antes de huir de nuevo a Londres donde fue detenido, permite al narrador unir eslabones entre la Lisboa que transitó James Earl Ray y la que él había soñado, la que pudo ver por primera vez antes de finalizar su novela y la Lisboa a la que acude casi treinta años después con su mujer y en la que vive su hijo con su pareja.

Como siempre que Muñoz Molina novela un personaje, la meticulosidad de los detalles es apabullante. A través de los objetos personales del asesino, imagina no solo la atmósfera que vivía, sino los olores, los mensajes, todo aquello que nos sirva a los lectores para meternos en la piel del personaje. Y no solo en los elementos externos, la atmósfera y la contextualización sino de cómo sentía, como se vinculaba, una disección de la personalidad a través de los sentidos que el narrador puede reconocer primero a través de noticias, objetos, hechos contados autobiográficamente, sino de lo imaginado y llevado por él: un camino de afuera hacia adentro en el personaje.

También la novela ofrece retazos sobre el proceso creativo de una novela, cómo se genera la idea de escribir y cómo se va desarrollando. Y cómo quién escribe desde la cotidianidad, bebiendo, imaginando y compartiendo con aquellos que forman parte de su vida. El escritor es una persona que escribe, con sus deseos, miserias y sentimientos de su vida real que a veces se mezclan en lo que expresa a través de sus palabras escritas

Novela que integra hechos históricos con recuerdos personales del autor en una miscelánea cada vez más presente en las novelas de Muñoz Molina, donde el autor, el narrador y lo narrado se unen, se acercan y alejan siempre con la maestría de superar los espacios y el tiempo del concepto de novela total que persigue este autor.

                                                                                                                                   Autor: Juan Díaz 

martes, 22 de mayo de 2018

Friedrich Nietzsche: Así habló Zaratustra. El manga

Idioma original: japonés
tulo original: Manga de dokuhu, Zaratustra kaku katahiri
Año de publicación: 2008
Traducción: Maite Madinabeitia -Daruma Serveis Lingüistics S.L.
Valoración: delirante

¿Cómo? ¿Nietzsche? ¿Manga? Pues sí, amigos: el manga. Porque resulta que hay una colección, "la otra h", de la editorial Herder (Herder, nada menos...), dedicada a publicar versiones manga de grandes obras de la literatura y, sobre todo, de la filosofía occidental, desde La Divina Comedia a Los hermanos Karamazov, de Homero a Kafka, de Rousseau a Marx y Engels (pasando, cómo no, por...ejem,  En busca del tiempo perdido ). La idea inicial, supongo, era interesar a los jóvenes japoneses -aunque hoy en día, también del resto del mundo-, en las grandes obras obras del pensamiento a través de un medio que les resultara familiar y atractivo. Perfecto, claro, nada que objetar.

Ahora bien, cuando se trata de obras filosóficas, debido a su propia naturaleza especulativa, se ve que la opción ha sido novelizarlas de alguna forma, para hacer más digeribles los conceptos -en este caso, toda esa mandanga del superhombre y el eterno retorno-; este manga nos traslada, pues, a una ciudad alemana del siglo XIX, donde un pastor protestante tiene dos hijos: Zaratustra, un cabroncete bastante macarrilla y Álex, buen chaval, manso y obediente, pero que vive angustiado por la sospecha de ser adoptado, además de por el bullying constante al que le somete el puñetero de su hermano. Como personajes femeninos, nos encontramos, por un  lado, a la santa y paciente madre  de ambos y por otro, también a una misteriosa y bella mujer, Salomé, que aparece en momentos clave de la historia para burlarse de Zara y deduzco que, de paso, provocar ese punto de acicate erótico para la muchachada otaku que todo manga shōnen debe tener... (wikipedia, amigos, si no, de qué carajo voy a saber yo qué es todo eso).


No voy a extenderme con detalle sobre la trama de la historia -poco que ver con el Zaratustra original, aviso-, pero diré que a lo largo de sus páginas esta nave se va escorando hacia el puro delirio: comienza como una especie de anime de la Nippon Animation (Heidi y todo eso), pasa por un culebrón de época de las sobremesas de TVE, vira hacia La naranja mecánica o una peli de Haneke, para acabar encallando en un refrito de Paulo Coelho pasado por Borges... Y por Nietszche, lógicamente, que era de lo que se trataba. De hecho, qué queréis que os diga (y pido perdón  a quienes nos lean desde allende los mares si no entienden de qué hablo): leyendo este manga no he podido dejar de pensar en Joaquín Reyes disfrazado del filósofo alemán, bigotón en ristre, y sentenciando con su acento albaceteño: "¡Así habló Zaratustra! ¡Zaratuuustraaa!" Pues esa imagen es menos delirante que este manga, creedme (aunque aún peor es la obra original del amigo Federico; eso sí que no se lo puede leer ni Dios... menos mal que para entonces ya había muerto, el pobre).

Bueno, ahora, a por El capital, que también promete...


Dado que no se especifica quiénes son los perpetradores finales de este manga, aquí están otras obras del amigo Friedrich Nietzsche reseñadas en Un Libro Al Día: El Anticristo

lunes, 21 de mayo de 2018

¿Cómo que no hay Nobel? ULAD convoca Premio NOVEL

¿Mi cara de pachocha? El disgusto que me han dado
Buenas: ayer compramos un precioso cerdito de arcilla. 0,75 € que nos costó. Le iremos poniendo las monedicas que nos sobran del café, las incordiantes esas de color cobrizo que aún tenemos que mirar con detenimiento para saber de cuánto son. Igual en octubre ya hemos llegado a los dos euros. Oigan, y si no hemos llegado, voy yo con mi poderío y completo hasta esa cantidad. Dos eurazos. Claro, en ULAD no inventamos la dinamita y no tenemos esa carga del descubrimiento mal aplicado en nuestra conciencia. Nuestra conciencia está tranquila y blanquita como las ovejitas de los anuncios de suavizante. O porque pongamos algún librito a parir se nos va a poder comparar con esos sátrapas de la Academia Nobel que, incapaces de subirse la bragueta y apechugar con las consecuencias van y dejan al cosmos literario sin referencia. Nos lo deberíamos haber temido con lo de Dylan. Esta gente no está por lo que tiene que estar. Se nos distraen y ya veis. Poetas egipcios, rápsodas nicaragüenses, narcisistas madrileños, héroes casuales de los jazz-bar japoneses, no desesperéis. Nosotros ya compensamos. Nosotros somos un ente con un historial impecable y llegaremos ahí. 
ULAD convoca unos premios que por poco no tienen nombre, nuestros branding coaches estaban en ello pero el presupuesto no daba para mucho así que de logos hipertrabajados y plafones para el photo-call va a haber que despedirse. Pero por algo se empieza.
Bien sencillo: tres escritores que estén entre los vivos en el momento que esta convocatoria se publique. Que tengan una carrera más o menos consolidada y que no hayan sido premiados antes con ese tal premio Nobel, ése que ahora va a quedar en el olvido. Los motivos para el premio ni  falta que hace. Ya improvisaremos. "Por su aportación en forma de voz fresca dando sentido a la amalgama social de los tiempos modernos". Qué chupi. O "su rutilante estilo y la perdurabilidad de los personajes creados nos permiten hablar de una figura capital". Je. Si no encontramos la frase, ya encontraremos el escritor.
E-mail a nuestro sempiterno correo (unlibroaldia@gmail.com). En el asunto debe constar PREMIOS NOVEL. Tres nombres. Tres puntos para el primero, dos para el segundo, uno para el tercero. Una breve explicación, un par de líneas, justificando cada elección. Entonces se monta una de esas hojitas Excel que nos sobreexcitan, añadimos los votos de los diez colaboradores (serán secretos y se revelarán solamente cuando el veredicto se publique, que sabemos lo muy influencers que somos y lo pesada que es esa carga), y aquel de los votantes que más se acerque al resultado real resultará premiado con un lote de libros suficiente para quebrar la balda más resistente. O sea, tres. Intentaremos que uno sea gordo.
El método de valoración: sumar los puntos obtenidos por cada votante de acuerdo con el resultado final.

  • Un punto por cada coincidencia en la inclusión.
  • Un punto adicional por cada uno que coincida en la posición.
  • Si hay empate, duelo a florete. Bueno, algo inventaremos. Somos muy de inventar.
Y para el escritor o escritora (ya los veo ahí corroídos por los nervios cuando, el 8 de octubre, fecha capicúa, 8-10-18, se proclame el vencedor) que resulte elegido con ese inconmensurable honor, pues igual le cae un Tweet de proclamación y todo, y a partir de ahí a relajarse, a disfrutar la fama, firmar autógrafos, mesas en Sant Jordi, y a fundirse la pasta: su vida quedará solucionada en lo económico y perpetuamente vinculada a ULAD  en lo personal. La Historia empieza a escribirse así, no os quepa duda.

domingo, 20 de mayo de 2018

Peter Carey: La verdadera historia de la banda de Kelly


Idioma original: inglés
Título original: True History of the Kelly gang 
Año de publicación: 2001
Traducción: Enrique de Hériz
Valoración: recomendable

Señoras señores, les aclaro. Que no tiene que ver historia novelada con novela histórica. Que lo segundo es una de las lacras de la literatura y lo primero es algo que escasea y que está a distancia y vale la pena. Que no es lo del azul grisáceo y el gris azulado. Que no. Que cuando Carey (otro del que habré de leer más) toma la voz de Jed Kelly y emplea ese vocabulario básico, ese tono rasposo, esa carencia de signos de puntuación a la que puede costar algo acostumbrarse,  no lo hace con la intención del lucimiento que lastra a los pesados que emplean cinco años en documentarse para entregar un tocho que tarda cinco años en leerse mientras nos deleitan con las historias de la pedrería que cubría el manto de armiño de un rey del siglo XI. No, no y no. Carey se integra y se mimetiza con el personaje y su único devaneo con el rigor per se es esa curiosa división del libro en legajos como para dar la apariencia de alguien hallando un tesoro literario enterrado en algún baúl que se ha salvado de la basura, y revelándolo. Es la máxima licencia visible porque desde las primeras páginas nos va a trincar de la pechera y nos va  a arrastrar por los áridos lodos del Salvaje Oeste australiano, donde no hay apaches sino irlandeses, donde no hay búfalos sino canguros, pero al margen de esos detalles casi de atrezzo todo lo demás es puro western y pura historia de bandoleros de gatillo fácil, de duras historias personales de esas que acaban con la gente proclamando que la cabra tira al monte.

En un monólogo agotador y falto de puntuación por exigencias del guion, vamos pasando uno por uno por los hitos de la vida de Jed Kelly, histórico bandolero y asaltante y atracador de diligencias de la Australia más inhóspita. Tipo al que la vida le ha negado casi todo en su niñez. Un padre encarcelado, una madre desorientada y sojuzgada por todos los hombres que, incluyendo a su marido, la han vejado y humillado hasta el punto de ser una mera huésped de hijo tras otro, de hermanos y hermanas. Una espiral de resultados previsibles donde será asistimos a la maduración a golpes de Sed Kelly, líder la banda que ha ido aprendiendo de otros bandoleros (algunos de ellos emparejados por esa madre que es el centro de gravedad al que el protagonista siempre regresa, tiñendo la historia de tonalidades edípicas), las diversas fechorías- robo de caballos, asalto de carros, atraco de bancos- por las cuales se erigirá en un icono local, alguien que sale en la prensa y de cuyas andanzas se habla.

Problema que limita este libro: casi 500 páginas son muchas para una historia tan claramente previsible (se ve que el tal Kelly es una especie de leyenda en Australia, y que Carey noveló su vida, supongo basándose en documentación, pero esta claro que permitiéndose licencias creativas), y en mi experiencia lectora ya me he encontrado bastantes ejemplos de villanos que lo han sido como consecuencia de la injusticia o incluso de la arbitrariedad de que quienes tienen que impartir justicia se inventen los delitos con los que puedan incriminarles (esto me suena mucho hoy en día). Héroes que han acabado sin otro remedio que ser villanos los hay en obras de Bunker, de Tolstoi, de Cercas, de Von Kleist, y ya no digamos si aún vamos más atrás en el tiempo. De hecho, La verdadera historia de la banda de Kelly tiene un poderoso aroma homérico. Y no digo, porque al final me inclino por recomendar esta novela, que la historia no sea potente y que Carey no sea solvente en su papel de narrador. Tan solvente como que en algún momento parece que estemos oyendo a esa estricta primera persona. Pero tanta reiteración disipa el entusiasmo inicial, y allá por la página 400 uno ya pide la hora al árbitro, porque, perdonad la broma, el partido ya sabemos cómo va a acabar.

sábado, 19 de mayo de 2018

Verity Bargate: Con la misma moneda

Idioma original: Inglés  
Título original: Tit for Tat 
Traductor: Íñigo F. Lomana
Año de publicación: 1981
Valoración: Entre recomendable y está bien

Esta es la última de las tres novelas que escribió Verity Bargate. Aunque no me ha gustado tanto como No, mamá, no, hay que reconocer que la supera en varios aspectos. Para empezar, está más pulida a nivel formal. Además, su protagonista sí que encaja perfectamente con el mensaje global de la obra.

Por otro lado, puestos a comparar ambos textos, debo decir que la trama de Con la misma moneda es inferior. Sobre todo, porque toma menos riesgos. En un par de ocasiones, incluso, peca de ser previsible, algo que era impensable en No, mamá, no. Recuerdo que, en esa novela, Bargate nos arrojaba algo que un escritor menos hábil hubiera convertido en una subtrama romántica. Eso, pero, hubiera sido caer en lo fácil, y la autora rehuyó esa dirección. Por fortuna. En cambio, en Con la misma moneda nos encontramos con un argumento más convencional y previsible. 

De todos modos, la de Con la misma moneda sigue siendo una gran historia. Sadie Thompson es nuestra protagonista. Tiene once años cuando la conocemos, y durante las 230 páginas de esta obrita la vemos crecer. La acompañamos durante su primera regla, la muerte de su madre, su pérdida de la virginidad... Y otros sucesos que no puedo desvelar, pues no os quiero destripar el argumento. En efecto, ya lo habréis adivinado: Con la misma moneda es una novela de formación, una que llega a conclusiones más bien amargas.  

Sadie está retratada con tino. Su tapiz psicológico es el más pormenorizado de todos los que aparecen en la novela. A su vez, el resto de personajes no se quedan a la zaga. Tim, el hombre del que se enamora, y Chris, vieja amiga de su madre, que acabará ejerciendo el rol de tutora, son también magistralmente definidos. Sus dispares personalidades, además, ejercen de contrapunto con respecto a la protagonista, a la vez que granjean diversidad a la narración.

Otro punto a destacar de Con la misma moneda son los mensajes que gravitan alrededor de la trama: las dificultades y "la culpa" de ser mujer,  la sororidad, el amor... Quizás el tema cuyo tratamiento menos me ha gustado es la sororidad. Aunque está mejor llevada que en No, mamá, no, sigue siendo idealizada de forma algo ingenua, a ratos hasta argumentalmente tramposa. En cambio, Bargate ha bordado el amor: retrata su naturaleza bicéfala a la perfección. Por un lado, tenemos la cara luminosa del mismo; por otro, toda la oscuridad que acarrea. Exquisito.

En conclusión, pues, decir que estamos ante un libro conmovedor, repleto de virtudes y cuyos puntuales defectos no lo lastran en absoluto. Y para terminar querría felicitar a Alba Editorial. Mientras que en No, mamá, no aprecié algunos errores achacables a la traducción, Con la misma moneda no los tiene, y he considerado pertinente remarcarlo.


También de Verity Bargate en Unlibroaldía: No, mamá, no

viernes, 18 de mayo de 2018

"Los antepasados" de Mary Ann Clark Bremer: Misterio + Reseña

Idioma original: inglés
Título original: Notebook III - The Ancestors
Traductor: Hugo Bachelli
Año de publicación: ???
Valoración: recomendable


EL MISTERIO

Compro este libro en uno de mis viajes a Bilbao, porque es cortito y porque parece interesante. Lo leo unos meses después; me gusta, aunque con algunos altibajos (de los que hablaré luego). Empiezo a pensar en la reseña para ULAD, busco información sobre la autora en Google, y no encuentro nada. Y cuando digo nada, digo absolutamente nada. La única información que existe sobre esta autora es la que ofrece la propia editorial Periférica.

Mary Ann Clark Bremer no tiene página en ninguna Wikipedia. En páginas como WorldCat, Google Books o Amazon los únicos resultados relevantes que aparecen son los referentes a las ediciones españolas de sus obras, en Periférica. Hago diferentes búsquedas, con comillas, sin comillas, solo los apellidos, busco el supuesto título original, con comillas, sin comillas, con números romanos y arábigos. Nada.

Ante este vacío absoluto de información en los tiempos de la sobreinformación, es fácil pensar que estamos ante un nuevo caso "Elena Ferrante", o por decirlo con más propiedad, ante un nuevo "Ossian", que está intentando hacer pasar por traducciones obras en realidad originales. No soy el primero en pesarlo: Hilaro J. Rodríguez en un artículo en El Cuaderno ya apunta esa posibilidad. Tendría gracia si fuera así, y desde luego habría que elogiar la capacidad creativa de quien ha inventado una escritora judía-americana de mediados del siglo XX y una obra autobiográfica cada vez más extensa.

Sin embargo, desde la editorial Periférica me confirman, por email, que Mary Ann Clark Bremer es real; que lo que dice la solapa del libro es verdad: que se trata de una escritora "secreta", que en vida publicó bajo diversos seudónimos, y cuya obra autobiográfica inédita, organizada en forma de diarios o cuadernos, llegó a las manos de los editores de Periférica de forma casi accidental. Tanto la autora como los herederos son muy pudorosos en relación con estas obras, que hablan de aspectos íntimos y familiares, de ahí que solo se pueda publicar una pequeña parte del legado de la escritora. De ser así, el misterio no sería tan misterioso, aunque sí es una pena que una escritora de una sensibilidad indudable haya pasado tan desapercibida.


LA RESEÑA

Periférica ha ido publicando las novelas cortas (entre 60 y 90 páginas cada una) de Mary Ann Bremer (Una biblioteca de verano, Cuando acabe el invierno, El librero de París y la princesa rusa y Una pasión parecida al miedo), reunidas posteriormente en el volumen Cuando asedien tu faz cuarenta inviernos. Los antepasados, como explicaba en el párrafo anterior, es uno de los "cuadernos" de memorias o diarios de la escritora, que en este caso se dedica a sus antecedentes familiares, con especial atención a las mujeres que la precedieron (y en este sentido, el masculino genérico del título, "antepasados", resulta algo traidor).

A pesar de su brevedad, creo que la obra puede dividirse en tres partes: en la primera (secciones "Cantar" y "Josephine y las lamentaciones"), la escritora se remonta a la historia de sus bisabuelos, Ann y "el Ruso", y de su tía abuela Josephine, sensible, sufragista y suicida. Estas secciones, en las que se cuenta en capítulos brevísimos y con una delicadeza maravillosa la historia de unas personas cubiertas de preguntas quizás sin respuesta, son las mejores del libro, en mi opinión.

La segunda parte, ocupada por las secciones "Declaración de sentimientos", "Musicalische Sterbens-Gedancken" y "Polifonía (Eclesiastés)", cambian el foco, que pasa a centrarse en la propia escritora durante su estancia en Suiza: sus rutinas y entretenimientos, las cartas intercambiadas con familiares de Estados Unidos, su dolor por la pérdida de su esposo Saul, sus reflexiones sobre la vida y la muerte... El diálogo con los antepasados (las antepasadas) no está completamente ausente, pero es mucho más marginal que en la primera parte, y por eso también esta segunda parte me ha interesado menos.

La tercera parte, más breve, titulada como el libro, "Los antepasados", recupera los personajes del principio (el bisabuelo Ruso, la bisabuela Ann, Josephine...), e intenta explicar alguno de los misterios que habían quedado abiertos. Cierra así, de forma circular, muchos de los temas abiertos al inicio. Siendo mucho más breve, esta sección es un cierre perfecto para el libro.

Esta obrita tan corta (78 páginas, unas cuantas de ellas ocupadas por títulos de sección) es una lectura perfecta para una tarde de descanso, para un viaje no demasiado largo, para llevar encima y leer en el metro, a tragos cortos. La prosa de Mary Ann Clark Bremer es poética y sencilla, muy influida por las lecturas de la Biblia (en este caso, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés), sensible sin ser melodramática. La parte intermedia del libro, que entraría en el género tan traído y llevado de la "narrativa del yo", me ha interesado algo menos, me ha parecido menos original, pero en cambio la primera y la tercera partes me han atrapado y encantado.

Creo que habrá que seguir atentos a Periférica, a ver qué otras joyas consiguen sacar del baúl de los herederos de Clark Bremer. Y si algún día descubrimos que era mentira, que Clark Bremer no existe, o que en realidad es un señor gordo y barbudo de Motilla del Palancar, en el fondo no pasará nada, porque lo que hayamos disfrutado leyendo sus obras no nos lo quita nadie.

jueves, 17 de mayo de 2018

Han Kang: Actos humanos

Idioma original: coreano
Título original: 소년이 온다
Traducción: Sunme Yoon (castellano), Alba Cunill (catalán)
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Parecía difícil que Han Kang pudiera sorprender de nuevo, tras su irrupción a la esfera literaria en castellano con «La vegetariana», gran obra con la que se dio a conocer en estos lares. Pero creo poder afirmar, sin que el ímpetu y la emoción experimentados tras la lectura del libro alteren mi juicio, que «Actos humanos» incluso lo supera en calidad y emoción. Y es que cuando una historia tiene como origen una serie de hechos sucedidos en la realidad y, aunque de manera indirecta, estos afectaron la vida de la escritora, es cuando las emociones narradas fluyen de manera natural, sin filtros ni adulteraciones, desde las entrañas hasta el texto final.

Así, basándose en los hechos que sucedieron en mayo de 1980 en la Universidad Chonnam de Gwangju (ciudad natal de la autora), el libro escrito por Han Kang es un libro en recuerdo de aquellas personas que, de manera directa o indirecta, fueron afectadas por la masacre causada por el ejército, ante las protestas estudiantiles contra la dictadura de Chun Doo-hwan. Pero no se trata de un tratado histórico ni de un ensayo político, o al menos no en primer plano. Han Kang se trasladó a Seúl poco tiempo antes de aquellos hechos, por lo que este libro está escrito desde la tristeza, desde la pena de quién ve desde la distancia lo que ocurrió con sus antiguos amigos, conocidos y conciudadanos. Con este propósito, el libro que nos ocupa trata sobre las personas más que sobre los hechos, trata sobre la humanidad, los sentimientos, la pena y el dolor, la tristeza y la añoranza, la fuerza y el optimismo, los anhelos y el espíritu vital, la libertad y la opresión, el pesar y la incomprensión, la incredulidad y la desesperanza. Y la violencia, física o emocional.

Estructurada en siete capítulos en apariencia independientes, la autora narra la historia desde diferentes perspectivas, diferentes ángulos con un punto central como núcleo de la historia. Situando como centro la masacre ocurrida, la autora despliega un abanico emocional abriendo un espectro de sentimientos hacia diferentes caminos, focalizando las distintas sensaciones en cada uno de los personajes. La variedad, riqueza y pluralidad de sentimientos que alberga y transmite la autora hace que necesite canalizarlos a través de diferentes personajes, para así copar y alcanzar todo el espectro emocional que la historia ofrece. Han Kang nos habla de esperanza tras la añoranza, de remordimientos tras la solitud, del alma que, en su disociación y cual proyección astral, lucha por seguir pegada a un cuerpo como única vía posible para permanecer aferrada a una vida que se ha ido, que lucha por mantenerse viva a través de los recuerdos, cada vez más difusos y vagos. Cada una de estas emociones es encarnada por los distintos personajes, de manera que entre todos ellos se conforma el paisaje emocional que reside como poso tras la violencia de una masacre, y poniendo como foco principal el de las víctimas en sus dos vertientes: las víctimas que murieron, pero también aquellas personas que sobrevivieron con todo el pesar de su inacción ante la violencia y el abuso; y también, de manera latente, el recuerdo que reside en ellas, que actúa como una losa a la que van atados quienes pretenden seguir adelante:

"La gente de la calle tenía la cara desencajada, como si llevara una cicatriz invisible"

De esta manera, uno de los logros de la autora es la facilidad que tiene en hilvanar una historia narrada, pensada y sentida a través de distintas voces; y no hablo únicamente de un cambio en el protagonista narrador, sino incluso del estilo, del tono, de la voz utilizada; la amplitud de registros de la autora la ubica ante un complejo reto narrativo del que sale profusamente victoriosa. Han Kang necesita entrar en el dolor tan profundamente para hablar de él que no le basta una sola voz y una sola experiencia para alcanzar la magnitud de la desolación y es por ello que teje una historia de distintos personajes entrelazados, ofreciendo un análisis caleidoscópico y plural que sirve para explorar de manera holística todas las aristas que hieren los sentimientos de las personas hasta crear una serie de cicatrices con las que sobrellevar la vida hasta que llega la muerte.

De igual modo, y fiel al estilo que demostró en «La vegetariana», Han Kang demuestra su habilidad al hablar del cuerpo y desde el cuerpo, transmitiendo las emociones a partir de él. La visceralidad con la que sus palabras forman un texto de marcada corporalidad, hace que sea el propio cuerpo quien hable pues sabe cómo proyectar a través de él las emociones que del mismo emanan. Su narrativa parece escrita y dirigida por sus sensaciones corporales, desde lo más profundo de su ser; no proviene de su cerebro sino de sus mismas entrañas y, partiendo del cuerpo como centro de todo, es a partir de él donde se construye todo el relato.

Este es un libro escrito por alguien que sobrevivió a una masacre desde la distancia, sin poder evitar sentir cierta carga de consciencia por no haber estado allí junto a sus compañeros. La narración es trágica por la culpa autoinflingida, por la búsqueda de un perdón que solo pueden darlo quienes ya no están, y un intento permanente de autoconvencerse de que las cosas no hubieran podido suceder de otra manera, pues eran inevitables; una vida marcada por la necesidad personal del perdón, de insistir en convencerse que otro futuro no era posible, como si a fuerza de repetirlo pudiéramos establecer la paz con los que ya lo están, y con nosotros mismos.

También de Han Kang en ULAD: La vegetariana