martes, 21 de noviembre de 2017

Mircea Cărtărescu: Solenoide

Título original: Solenoid
Idioma original: Rumano
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Año de publicación: 2015
Valoración: (Casi) imprescindible

Dice la crítica seria y especializada que esta es la obra cumbre de Cartarescu. A ver. Igual es algo aventurado, sobre todo si tenemos en cuenta que Cartarescu tiene unos 60 años y aún le quedan unos cuantos libros por delante, ¿no? Lo que sí que puedo decir es que se trata de su obra más ambiciosa hasta el momento (o, al menos, de lo que yo he leído), un compendio de todo su universo literario en versión extendida. 

Es un libro que no me atrevería a recomendar a nadie como punto de partida para adentrarse en la obra del rumano. Sus casi 800 páginas y su peculiar mundo hacen aconsejable acercarse a "Solenoide" tras alguna que otra experiencia en el mundo cartaresquiano. 

Pero vayamos al grano. Creo que estamos ante uno de los libros del año. Sin más. Por su originalidad, por su atrevimiento y por llevar casi al límite aquella frase de Pío Baroja, extraída de sus "Páginas de autocrítica", en la que decía que la novela es un saco donde cabe todo. 

A grandes rasgos, podríamos decir que "Solenoide" es una novela sobre el extrañamiento de uno mismo y del mundo que le rodea, una novela dual, realista y onírica a partes iguales. Y es que su protagonista es, así mismo, un ser dual. De día es un gris profesor de Lengua Rumana es un gris colegio del extrarradio de Bucarest, ciudad museo de la melancolía y de la ruina. De noche, se trata de un hombre asediado por miedos, sueños y alucinaciones.

El libro son los cuadernos que va escribiendo su protagonista a lo largo del tiempo, en los que hace un repaso a toda su vida, determinada siempre por decisiones (propias o de terceros) conscientes e inconscientes, desde la infancia a la madurez, pasando por una adolescencia marcada por su estancia en un terrible sanatorio para tuberculosos, por su compulsiva afición a la lectura y por un doloroso rechazo a su primera obra literaria. Tal y como el propio escritor-lector-personaje de los cuadernos, estos son informes sobre sus propias anomalías escritos con el único objetivo de intentar comprender.

Como decía anteriormente, los cuadernos tienen dos vertientes. Una de ellas es diurna y correspondería a su monótona vida como profesor en un colegio de primaria, lleno de piojos y liendres; bichos reales y presentes en las primeras páginas del libro, metafóricos y terribles más adelante. El retrato de la Rumanía de los años 60-70 y 80 es devastador. Es el retrato de una soledad sin esperanza, de una vida con miedo, de una realidad que se ha convertido en la más abrumadora de las prisiones, en la que "todos somos ácaros ciegos pululando en nuestra mota de polvo en un infinito desconocido". Esta parte más realista me parece, sencillamente, brutal. Las páginas que reflejan la soledad, el dolor, el absurdo y el vacío son de lo mejor de la obra de Cartarescu.

La otra vertiente, llamémosla nocturna, es fruto de los miedos, sueños y alucinaciones de su protagonista. Pese a estar íntimamente relacionada con la parte realista, ya que procede del dolor "del día", podría leerse como una novela diferente. Sería, en este caso, una novela onírica, con una potente carga alegórica y metafórica, en la que los sueños del protagonista no constituyen otra cosa que planes de huída de la realidad. Esta parte es más compleja para el lector. Los extraños y terribles sueños están narrados con gran detalle, sobre todo en su aspecto más "técnico", y, en mi opinión, entorpecen un tanto la agilidad de la lectura.

En cualquier caso, se trata de un grandísimo libro, que trae a la mente, además de obras anteriores de Cartarescu (Lulú, Nostalgia...), a Kafka, con millones de insectos y parásitos como metáfora del mundo, a Borges o al Sábato de "Sobre héroes y tumbas". Palabras mayores, oigan.

P.S.: No quisiera acabar la reseña sin destacar el trabajo de Marian Ochoa de Eribe, traductora habitual de Cartarescu. El texto, sobre todo en su parte más onírica, está plagado de tecnicismos y de detalles e imagino que el esfuerzo debe haber sido ímprobo.

Otras obras de Caratarescu en ULAD AQUÍ

lunes, 20 de noviembre de 2017

Zygmunt Bauman: Tiempos líquidos. Vivir en un tiempo de incertidumbre


Idioma original: Inglés 
Título original: Liquid times. Living in an age of uncertainty
Traductor: Raül Garrigasait 
Año de publicación: 2007
Valoración: Muy recomendable 

 Zygmunt Bauman es un prestigioso sociólogo conocido por acuñar el término de la “modernidad líquida”, cuyas ideas, versátiles y con pretensiones generalistas, han influenciado a muchas otras disciplinas. Él mismo ha hecho incursiones en varios campos, con más o menos éxito (por ejemplo, cuando su discurso aborda el amor o el arte, me parece algo pobre y desinformado). Tiempos líquidos es un libro en que Bauman está en su terreno, la sociología, aunque también se desvíe hacia la economía, la política... Los ejemplos que da para justificar sus aseveraciones se me antojan menos forzados y autojustificatorios que los que presenta, por ejemplo, hablando de arte contemporáneo. 

 Básicamente, en Tiempos Líquidos, este pensador reflexiona sobre una modernidad (líquida) en la que, al contrario que antaño (cuando era sólida), es imposible que nada cale; instituciones, modas, identidades, relaciones, todo es efímero. Eso engendra a un individuo perdido, sin marcos de referencia a largo plazo, condenado a seguirle el juego a un presente que cambia de reglas constantemente. 

 Quizás un defecto que veo al libro es que el autor es bastante comedido. Se limita a exponer una situación (situación que muchos otros ya habían predicado antes que él, todo sea dicho) a la que no propone soluciones, ya que, según Bauman, eso sería precipitado y hasta contraproducente. También me disgusta que en ocasiones se le ve poco dispuesto a emitir juicios de valores sobre los temas que trata, lo cual puede parecer un acierto, un tanteo hacia la objetividad ensayística, si es que eso existe realmente, pero cuando debe enfrentarse a cuestiones de la envergadura de la paulatina pérdida de poder del Estado a favor de los caprichos del mercado global, el desgaste de las iniciativas colectivas o los refugiados, esa tibieza se me antoja algo frustrante.  

 Tiempos líquidos, en resumen, indaga en las consecuencias del paradigma actual y las repercusiones que estas puedan tener en las personas de a pie. Y pese a los aspectos negativos que he mencionado, me parece que Bauman cumple con su intención de informar. De hecho, tiene una facilidad pasmosa para ejemplificar lo que dice con metáforas de lo más ilustrativas. Encima, el libro es breve y no muy difícil de leer, algo que los flojos de mollera como yo agradecemos sobremanera en un ensayo.


También de Bauman en ULAD: La ambivalencia de la modernidad y otras conversacionesModernidad líquida

domingo, 19 de noviembre de 2017

Alan Moore & Dave Gibbons: Watchmen

Idioma original: inglés 
Título original: Watchmen
Año de publicación: 1986-87  (capítulos seriados); 2007 (libro)
Traducción: Raúl Sastre (capítulos) - Ana Calvillo (textos finales)
Valoración: muy, pero que muy recomendable

Vamos hoy con un clasicazo donde los haya del cómic de superhéroes; mejor dicho, el cómic de superhéroes definitivo, el que sirvió de epitafio y requiescat in pace para todo el género; el que lo llevó hasta fuera de sus límites y cerró la puerta; el Ulises de los tebe... Bueno, vale, igual estoy exagerando un poco. Y tampoco ha sido el último cómic del género de capa y mamporro, ni mucho menos, pues en décadas posteriores ha conocido un auge importante, aunque quizás más gracias al cine que al papel impreso. Pero lo cierto es que Watchmen representó en su momento no ya un "hasta aquí hemos llegado", sino sobre todo la posibilidad de que el género diese un salto hacia delante en profundidad y complejidad narrativa. Moore y Gibbons marcaron un hito, vaya.

La historia, ya desde el comienzo, descoloca bastante: en 1985, en un distópico y ucrónico Nueva York (es interesante saber que Alan Moore comenzó el guión en el emblemático 1984... al tiempo que, en Berlín,  Margaret Atwood escribía su propia y muy distinta distopía), alguien parece estar acabando con los antiguos justicieros enmascarados, fuera de la circulación por ley desde 1977. El único que aún actúa por su cuenta, el enigmático y categórico Rorschach, decide investigarlo, al tiempo que avisa a sus antiguos colegas, ya retirados o trabajando para el Gobierno. Mientras tanto, la guerra fría entre EEUU y la Unión Soviética está experimentando una escalada de tensión que parece abocar a la guerra termonuclear; el único elemento disuasorio para que evitar el desastre es, precisamente, la presencia, en el bando americano, del Dr. Manhattan, el único verdadero superhéroe, en realidad, pues es el único con poderes suprahumanos y que, de hecho, le convierten en una suerte de dios, pues puede modificar la materia a su antojo (los demás  justicieros no pasan de ser tipos disfrazados). 

A partir de aquí asistimos a un despliegue metanarrativo más propio -al menos hasta entonces- de la novela postmoderna que del cómic de consumo rápìdo por más que las editoriales del género hayan acabado por desarrollar sus propios "multiversos", etc...): durante toda la primera mitad del libro -es decir, seis capítulos de doce- conocemos a los personajes, su idiosincrasia, circunstancias y obsesiones, su "vida civil" -si es que la tienen-, sus secretos, ya sean referidos a su intimidad o a los "servicios" prestados como héroes, quienes fueron sus antecesores -los, irónicamente, conocidos como Minutemen-, que ha sido de los supervivientes de esa primera generación, etc... Por resumir: una auténtica deconstrucción del arquetipo "superheroico". Aderezado, además, con un buen aliño de la llamada metaficción: al final de cada capítulo encontramos extractos de libros, informes policiales, reportajes periodísticos, entrevistas... incluso un "cómic dentro del cómic": un tebeo de piratas de lo más escabroso (y que muy bien pudo inspirar la saga de Piratas del Caribe). Por no olvidar las maravillas narrativas que son los capítulos V y VI: en cuanto a composición gráfica el primero, pues es absolutamente simétrico (!) y en cuanto al guión el otro, un alarde existencialista a base de saltos temporales y fundamentado en la teoría de la relatividad del tiempo y el espacio, la física cuántica y vete a saber qué otras cosas más sólo compresibles por Sheldon Cooper y su panda de amiguetes... que yo soy de letras (aunque lo mismo da: es toda una gozada leerlo). En la segunda mitad del libro, aunque se mantienen muchos elementos, la historia deriva más hacia la de unos superhéroes, bien que bastante sui géneris, que deben cumplir una misión para salvar al mundo y todo eso...

En todo caso, el gran tema del que trata Watchmen es, cómo no, la dicotomía entre el bien y el mal y, más aún, una reflexión sobre la mejor actitud para enfrentarnos a este último (¿a alguien le suena este dilema?). Cada uno de los componentes del grupo parece adoptar un posicionamiento distinto al respecto: desde la intransigencia maniquea de Rorschach al "despotismo ilustrado" de Ozymandias, al tiempo que el Comediante y el  Dr. Manhattan no ven diferencia alguna entre hacer el bien o el mal, aunque uno de ellos opta por dar rienda suelta a sus bajos instintos, mientras que el otro lo que siente es un cada vez mayor distanciamiento hacia una Humanidad de la que quizás ya no forme parte... Por último, Búho Nocturno y Espectro de Seda representan al común de los mortales, a la mayoría de las personas que nos debatimos entre las buenas intenciones, la impotencia y la más general desidia.

No me enrollo más: aún podría extenderme sobre la impronta derechista (por no decir ultra) de estos supuestos héroes enmascarados, sobre los recursos semióticos presentes en el cómic (no deja de ser una obra de los 80) o la visión crepuscular del género, característica de todo fin de época... Pero lo mejor es que quien esté interesado, y espero que sean muchos, deje de leer esta reseña y se ponga a buscar el libro o os cómics originales. No se van a arrepentir.

Nota para los muy fans (o que quizá no lo sean tanto): Amén de que HBO está preparando una serie sobre esta obra, DC Comic va a publicar en muy breve una especie de  secuela de esta Watchmen, titulada Doomsday Clock, con la aparición de algunos personajes como el simpático Rorscharch, relacionándolos con el resto de superhéroes del "multiverso DC". Sin guión de Alan Moore, por supuesto. ¿Era necesario? No. ¿les importa un carajo que no lo sea? Tampoco. ¿Harán luego otra peli, serie de televisión o lo que sea? Probablemente. ¿La pela es la pela? Aquí y en Tombuctú... (¿Era necesaria una continuación de Blade Runner? Pues lo mismo)

Éste ya se lo está empollando,  por si acaso



Otras obras de Alna Moore reseñadas en Un Libro Al Día: V de Vendetta




sábado, 18 de noviembre de 2017

Eduardo Halfon: Duelo

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: recomendable

A estas alturas, y con sus libros hermanados por títulos escuetos, extensión algo rácana, y elegante portada en motivo gris azulado, no sabría decir si Halfon cierra con Duelo una tetralogía iniciada con El boxeador polaco (que no he leído y que no me extrañaría que Asteroide reedite algún día, como para cerrar el círculo) o si son Monasterio, Signor Hoffmann y esta novela una trilogía donde el autor guatemalteco rememora diversos eventos de su vida y los presenta en una forma que tiene un indudable aspecto compacto. A obra por año, y con el indudable emblema de la editorial (gustarán más o menos, pero creo que Asteroide siempre presenta libros que al menos son dignos de ser tomados en serio -o sea, serían incapaces de publicar a Milena Busquets), Duelo parte de un recuerdo de juventud (el incidente idealizado en la familia de un niño ahogado en un lago en Guatemala) a partir de cual, y contra la voluntad de su familia, se indaga hasta descubrir que las cosas no fueron así, que fueron en realidad de otra manera.
Halfon es capaz de administrar ese misterio y envolverlo en algo más de 100 páginas de efectiva prosa, prosa cálida y precisa donde cada frase tiene sentido y donde, sin primar resolución más que de forma muy sutil, impera la búsqueda de la identidad a través de la comprensión de los orígenes y a través de la asunción de ciertos aspectos de la herencia familiar con los que los lectores de sus anteriores novelas ya estamos, erm, familiarizados. Todo sumamente eficaz en su propósito narrativo y con esa apelación a las circunstancias de la presencia de los Halfon en Guatemala, en medio de la diáspora producida por el nazismo y en medio de esa re-colonización de la América Latina, la que se produce en pos de salvar el pellejo, tema que, ya sabemos, suele aflorar de tanto en tanto y es una baza más que segura a la hora de empatizar con un texto (siempre que el lector no sea un patán insensible).
Aunque he de recuperar algún concepto del inicio de esta reseña. Sí, los tres textos de Halfon son valiosos y eficaces y posiblemente la intención del autor sea la de diferenciar esas tres historias dándoles el amparo de diferentes títulos y diferentes entornos. Pero la cuestión es, somos un blog dedicado a la literatura y esa dedicación entraña también defender al lector que toma una decisión de empleo de recursos (tiempo, pero también dinero) a la hora de abordar sus lecturas. Los tres libros de Halfon, obviamente interconectados por su común talante autobiográfico, sus lógicas licencias creativas y sus sutiles apelaciones al pasado europeo, suman algo más de 300 páginas, en tres libros que se han publicado por separado. Una inversión estimable, teniendo en cuenta que hay alternativas en ediciones de bolsillo, por ejemplo. Creo que lo expliqué a cuenta de alguna otra editorial: sabemos que las ediciones son caras, sí, que los buenos escritores muchas veces no pueden subsistir solo de las ventas, pero creo que deberíamos intentar que el placer de la lectura en su vertiente de comprar libros para leerlos y conservarlos, no se convierta en otro lujo al alcance de pocos.

viernes, 17 de noviembre de 2017

Nuestros Autores Olvidados #12: Laura, de Vera Caspary

Resultado de imagen de vera caspary laura amazonIdioma original: inglés
Título original: Laura
Año de publicación: 1943
Valoración: Está bien









De Vera Caspary no sabía absolutamente nada. Llegué a ella consultando un libro que aún no he leído completo, pero, me consta, contiene datos relevantes y cuya mera existencia ya es una buena noticia. Se trata de El séptimo círculo del infierno –subtitulado Escritores malditos, escritoras olvidadas –en el que Santiago Posteguillo, en la misma línea que este blog (mejor dicho, nosotros en la misma línea que su ensayo), reprocha a los poderes de diverso pelaje de cualquier lugar y época la persecución de determinados escritores a los que acaba relegando al infierno de la guerra, la cárcel, la censura, quizá el exilio, añadiría yo, y, por supuesto la violencia de género, para preguntarse después “cómo es posible que incluso en esos infiernos se escriba tanto y tan bien”. No olvida añadir que la discriminación de las escritoras es doble ya que a su activismo, rebeldía o lo que sea se añade su condición de mujeres.
Posteguillo sitúa a esta autora de novela negra en la cúspide del séptimo círculo, se lamenta de la persecución que destruyó su carrera, recuerda que autores como Borges y Bioy Casares reivindicaron seis títulos de su obra nada menos y que dos de sus novelas fueron llevadas al cine. Y en este punto me pregunto (retóricamente, claro) cuál será la causa de que se recuerde perfectamente el nombre de novelistas varones trasladados también a la pantalla por entonces, como Raymond Chandler, James M. Cain o Dashiell Hammett, y esta escritora haya quedado completamente eclipsada por el prestigio de Otto Preminger (Laura), pero también de Mankiewick, Stanley Donen, Fritz Lang y Cukor.
Entre 1922 y 1979 Caspary publicó hasta veintitrés títulos. En esta novela de 1943 adopta con toda naturalidad las convenciones del género que marcaban sus compañeros de generación, aunque manifestando sus sentimientos feministas. Elegantes, cínicos, mundanos, sarcásticos y escépticos los personajes van mostrando sus debilidades, sus alianzas y hasta sus cartas ocultas. En ese mundo de frivolidad y codicia, todos tratan de triunfar social y económicamente, pero hay una diferencia, mientras ellos compiten entre sí por adaptarse al modelo de virilidad exigido, ellas solo tratan de salir a flote. Saben que serán engullidas por él a no ser que, con un poco de suerte y talento, se conviertan en trofeo de triunfadores. Aunque en un principio parece que no, que la protagonista es una ganadora absoluta, que ha sabido abrirse paso en el mundo de la publicidad por sus propios medios, posee una economía saneada y se mueve con soltura en la sociedad neoyorquina a pesar de su procedencia rural. Pero ella intuye que necesita un protector, alguien que dé la cara por ella, y trata de enamorarse a toda costa.: “La mujer educada, no menos que la pobre trabajadora de una fábrica, está atada por los grilletes del romance.” Como vemos, una clara actitud feminista, que se repetirá más adelante camuflada entre los clichés del hiper-masculino género negro.
Este personaje, al que Caspary mata ya desde el comienzo –cuyo retrato preside su elegante vivienda, que seleccionaba sus lecturas, tenía un pigmalión por amigo y una criada incondicional, vestía bien, asistía a estrenos y frecuentaba los buenos restaurantes– iba a casarse precisamente el día que falleció. Alguien que llamó a su puerta le disparó un tiro a bocajarro.
¿Por qué una mujer que se ha hecho a sí misma se enamora una y otra vez de un patán con buena facha? Esto se pregunta Waldo Lydecker, escritor, viejo amigo y enamorado sin esperanza, pero él no es mucho mejor, utilizando armas intelectuales también manipula e intenta seducir a Laura. En los primeros capítulos conocemos su versión que, por cierto, presagia una trama trillada y predecible. Pero a partir de ahí, se produce una vuelta de tuerca, tanto argumental como narrativa, ya que cada una de sus partes está a cargo de un narrador distinto. Estos cambios de óptica, junto a los diálogos, conducen a un duelo de personalidades que va desvelando pistas, a menudo falsas, donde tiene lugar un fino análisis psicológico que el lector tiene que ir desentrañando. Caspary no lo pone fácil pero los candidatos tampoco son tantos y todos hemos leído lo nuestro: si no queremos adivinar el desenlace, mejor no darle muchas vueltas. Desde luego, la autora no tiene la culpa de que, a estas alturas, un relato así nos parezca archiconocido. Pero hay algo que, en mi opinión, es difícil de creer, no viene a cuento y desmerece dentro del conjunto: la introducción del detective en el triángulo amoroso, que a partir de entonces –según como se mire– se convierte en cuadrilátero.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Nuestros autores olvidados #11: El día de los prodigios de Lídia Jorge

Idioma original: portugués
Título original: O dia dos prodígios
Año de publicación: 1980
Valoración: Muy recomendable

A diferencia de mis colegas, que han hecho justicia a determinados autores individuales olvidados hasta ahora por nosotros, con esta entrada yo me propongo hacer un desagravio colectivo: por ULAD han pasado ya muchos de los grandes escritores (hombres) que han marcado la historia de la literatura portuguesa (Camões, Eça de Queirós, Pessoa, Saramago, Cardoso Pires, Lobo Antunes, Gonçalo M. Tavares...), pero no así las escritoras (mujeres) que marcan, sobre todo, el siglo XX: la poetisa y narradora Sophia de Mello Breyner, la multifacética Natália Correia, Agustina Bessa-Luis, hermética y exigente, o la imaginativa y no menos exigente Lídia Jorge, que con obras como El día de los prodigios o La costa de los murmullos vino a representar la apertura de una nueva fase en las letras portuguesas tras la Revolución de los Claveles.

El día de los prodigios, publicada en 1980, trata precisamente, aunque de una forma tangencial e irónica, sobre la revolución del 25 de abril. La acción se sitúa en un pequeño pueblo del Algarve, Vilamaninhos, en el que en los mismos días de la revolución se están produciendo fenómenos asombrosos: una serpiente que vuela, una mula que huye, unos soldados que llegan al pueblo ataviados con claveles en las armas... Así, los grandes acontecimientos de la Historia quedan diluidos, por no decir anulados, en el contexto de la pequeña historia de la aldea, sus conflictos y relatos cotidianos y su cosmovisión mítica y mágica.

Por esta visión imaginativa en la que lo real y lo mítico se mezclan, El día de los prodigios ha sido comparado muy frecuentemente con el realismo mágico latinoamericano; quizás exista una influencia directa o una coincidencia en la perspectiva narrativa, pero creo que esta obra también conecta con una tradición propiamente portuguesa: la de la representación del mundo rural interior, como un microcosmos cerrado en el que operan reglas (morales, mentales e incluso naturales) diferentes a las de la gran ciudad o el gran mundo: así, Vilamaninhos podría ser perfectamente la villa en la que transcurre Humus, de Raul Brandão, o un primo hermano de la Gafeira de El Delfín de Cardoso Pires, que comparte con esta novela también la búsqueda estilística y técnica más exigente.

Porque, efectivamente, ningún comentario de esta novela puede dejar de lado la belleza y la eficacia del estilo de la autora, que mezcla la reproducción del habla de los habitantes de la aldea (con alteraciones fonéticas, por ejemplo) con una imaginación metafórica y una experimentación formal y estilística sorprendentes: las voces de los personajes se confunde a veces en largos párrafos en estilo indirecto y sintaxis entrecortada; otras veces aparecen indicados en forma de diálogo, o a doble columna, o con una indentación inferior al resto del texto.

Y el estilo: compacto, poético, trabajado como con un cincel. Copio un párrafo del principio de la novela, como ejemplo:

Carminha parecía fazer adeus, mas apenas lavaba janelas. Um pano branco na mão. O braço adejando de encontro ao vidro. Alguidarzinho ajoujado de espuma cremosa, um alguidar maior de pura água macia. Novelo de saias entre pernas. Cadeira de tábua ajaezada de nódoas, flores vermelhas. Os pés aí juntos no fundo côncavo. As pernas de leve penugem rasinha. Então Carminha empertigava-se de encontro à mancha renitente entre a unha e o vidro. Minúscula, fruto de mosca palhetando asas em tempo vazio, compondo um ovo de esterco redondo. E ali impregnado no vidro da quadrícula despintada de branco. Zing zing de encontro à lisura espelhada.

Que si soy capaz de traducirlo bien (Camões me perdone si no), significaría:

Carminha parecía decir adiós, pero solo lavaba ventanas. Un trapo blanco en la mano. El brazo agitándose al encuentro del cristal. Palanganita coronada de espuma cremosa, otra palangana mayor de pura agua suave. Embrollo de faldas entre piernas. Silla de tabla enjaezada de manchas, flores rojas. Los pies ahí juntos en el fondo cóncavo. Las piernas de leve plumaje rasito. Entonces Carminha se yergue al encuentro de la mancha persistente entre la uña y el cristal. Minúscula, fruto de mosca paleteando alas en tiempo vacío, componiendo un huevo de estiercol redondo. Y allí impregnado en el cristal de la cuadrícula despintada de blanco. Zing zing al encuentro de la lisura espejada.

Lídia Jorge tiene en Portugal un estatuto de clásico contemporáneo, de clásico vivo, del que no disfruta tanto fuera de sus fronteras. De hecho, El día de los prodigios no está todavía traducido al español (sí en cambio, entre otras obras, La costa de los murmullos). Esperemos que lo sea en breve, y Lídia Jorge deje de ser una autora solo conocida en Portugal.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Nuestros Autores Olvidados #10: Victor Hugo: Último día de un condenado a muerte

Idioma original: francés
Título original: Le dernier jour d'un condamné
Año de publicación: 1829
Valoración: recomendable

Creo que podríamos estar todos (o al menos bastantes de nosotros, que ya sabemos que en ULAD siempre existe sana discrepancia) que Victor Hugo es uno de los grandes escritores de la historia. Y sí, paradojas blogueras hacen que hasta hoy no haya tenido una entrada en ULAD. Tocaba corregir la situación y, aunque siempre se reconocerá al escritor por ser el autor de la gran obra maestra que es «Los miserables» (sí, es una obra maestra), quiero destacar este relato corto, escrito al inicio de su larga carrera literaria y que trata sobre la justicia y la condena. Las reflexiones del autor expuestas en este libro, servirían posteriormente para sentar las bases de «Los miserables», focalizando sus dudas y contradicciones sobre ambos temas en el mítico personaje de Jean Valjean, su gran protagonista.

Así, esta novela corta de Victor Hugo, escrita cuando tenía apenas veintisiete años, toca un tema tan trascendental como es la pena de muerte y la necesidad de su abolición. Con este propósito, el libro nos plantea los últimos días de vida de un condenado a muerte, un condenado del que no conocemos su nombre, su origen o su delito. De él, únicamente sabemos que tiene esposa e hija, y que ha cometido un crimen. El resto de información no se nos detalla y es evidente que no es algo casual, sino que está hecho expresamente. Así, el condenado a muerte podría ser cualquier persona, cualquier ciudadano, y el autor prefiere no entrar en qué le ha llevado a estar preso sino en quién es ahora como persona, cuáles son sus sentimientos y sus reflexiones, y a qué se reduce su vida en sus últimos días.

De esta manera, el libro tiene una doble capa, tratando esos últimos días desde dos aspectos. Por una parte, somos testigos del detalle de lo cotidiano, donde las últimas horas de vida provocan una fascinación por cualquier cosa que permita al preso escapar de la monotonía de su celda, acentuando en él la percepción de la belleza que albergan las pequeñas cosas cuando son observadas como algo único e irrepetible. Esta vertiente de la novela nos permite ser conscientes de todo aquello que nos envuelve, y también a los pequeños detalles a los que tendemos a hacer caso omiso hasta que, por algún motivo, se convierte en todo aquello que tenemos. Así, el libro es un alegato en defensa de imprimir cierta pausa en nuestras vidas, para aprovechar para disfrutar de todo aquello que nos rodea, por muy nimio que sea. La otra vertiente del relato, más profunda e introspectiva, viene de la mano de las reflexiones sobre la pena capital; debido al hecho de estar preso en una celda, privado de la libertad, se cuestiona qué puede hacer para pasar el tiempo y una idea aflora: teniendo papel y lápiz, ¿por qué no escribir lo que siente, exponerlo como un conjunto de memorias, con la esperanza de que lo lea un guardián, o un verdugo, y consiga con ello hacerle dudar de la ética de las acciones que realizan al segar la vida de los condenados? Este es el propósito máximo y principal motivo del libro, y también su mejor parte.

Así, exceptuando algunos pasajes donde abunda la descripción de los pequeños objetos, imperceptibles para aquellos que no tienen fijado el día de su muerte, hay momentos realmente bellos; los recuerdos de su hija y el lamento por aquello que pierde con su inminente muerte, el no poder seguir compartiendo esos pequeños momentos rutinarios del día a día con ella plagados de pequeños gestos de estimación y afecto. Estos pasajes son altamente emotivos, cuando el personaje toma consciencia de que todo aquello no volverá jamás, y piensa que aquellos que lo han querido lo extrañarán. Y en medio de esa nostalgia, va creciendo su sentimiento de culpabilidad, los remordimientos por el crimen cometido afloran cuando va tomando consciencia de aquello que perderá, aquello que se ha ido para no volver, aquello que no se repetirá en un futuro.

A partir de este conjunto de reflexiones, el libro es un claro alegato contra la pena de muerte, una crítica sin contemplaciones a la condena a la pena capital y su ejecución por medio de la guillotina, que convierte la aplicación de la justicia en un espectáculo para el pueblo que asiste a ver las ejecuciones. Los sentimientos del preso sirven al autor para poner de manifiesto la aberración, el abuso y la injusticia que supone quitar a alguien de aquello más valioso que posee: la vida.

El prólogo añadido al final del libro y escrito en 1832 expone claramente lo que el autor pretendía con este libro y, en buena manera, pone en duda la idoneidad del sistema penitenciario y la pena de muerte acusando a la falta de oportunidades, de educación, de instrucción y a la propia sociedad por no haber sabido ayudar a los condenados en su crecimiento y formación como personas. Es curioso encontrar este análisis en un libro de hace casi doscientos años cuando, hoy en día, siguen alzando la voz activistas que cuestionan la cárcel con esos mismos argumentos, reclamando una revisión del sistema penitenciario y haciéndolo desde un punto de vista social, analizando no ya la adecuación de las penas impuestas, sino el motivo por el cual las personas llegan a cometer los delitos. Para evitar malentendidos, el libro no justifica la absolución ni el indulto, sino la pena de muerte pues afecta también a los allegados de la persona condenada. Por ello, es interesante el análisis expuesto en clave social, en clave moral y en clave de progreso. Sostiene que la pena de muerte desaparecerá, que la guillotina dejara de segar las vidas de los condenados porque las tres columnas sobre las cuales reposaba la civilización van cayendo: la iglesia, la monarquía y la guillotina. No le faltaba razón a Víctor Hugo al reclamar la abolición de la guillotina y denunciar las ejecuciones en público a modo de atracción, escarmiento y ejemplarización para el resto de la sociedad. Lamentablemente su abolición tardó más de lo que esperaba; la guillotina fue utilizada por última vez en Francia hace pocas décadas, en 1971, y la pena de muerte diez años más tarde. Parece que la civilización avanza aunque, como se puede comprobar, no de forma tan rápida como la velocidad a la que la guillotina segaba la vida de sus víctimas.