martes, 19 de septiembre de 2017

Juan Carlos Márquez: Resort

Idioma original: español
Año de publicación: 2017
Valoración: se deja leer

Motivos por los que pensaba que me iba a gustar Resort:
  • Porque me gustó mucho Los últimos, una original revisitación del género post-apocalíptico / zombi;
  • Porque sigo al autor en facebook, y derrocha una saludable mala baba, generalmente cargada de sentido común;
  • Porque el tema elegido (los resort turísticos a pie de playa con-todo-incluido) estaban pidiendo una buena sátira desde hacía tiempo;
  • Porque Juan Carlos Márquez es de Bilbao, aunque viva en Madrid. Y los de Bilbao somos la hostia.
Motivos por los que Resort me ha gustado mucho menos de lo que pensaba que me iba a gustar:
  • Porque parece ser la mezcla de dos novelas, sin decidirse a ser del todo ninguna de las dos: por una parte, la novela costumbrista-satírica sobre la vida de una familia en un hotel de playa y piscina; por otro, una novela policiaca sobre la desaparición de un niño alemán en ese mismo hotel;
  • Porque, en la parte costumbrista, no hace sangre en los elementos más absurdos y al mismo tiempo más relevantes (solo hay que imaginar lo que David Foster Wallace habría hecho con el mismo tema), y en cambio algunas veces cae en el chascarrillo o el estereotipo, como cuando habla de los alemanes y su afición por las filas. No quiere decir que no haya momentos divertidos, claro que los hay, y la lectura se hace ligera, pero si pretendía ser una novela cómica, le faltan gags; y si pretendía ser una novela de crítica social, le falta profundidad.
  • Porque la parte policiaca, una vez más, se queda a medio camino, apunta hacia algunos de los tópicos del género (la pareja de policías, los interrogatorios, los múltiples sospechosos...), amaga pero nunca llega a dar, y no atrapa por el suspense. No voy a contar el desenlace, solo diré que es un no-desenlace que resulta muy anticlimático.
  • Porque la novela está excesivamente dominada por la male gaze: las dos historias (la costumbrista y la policiaca) están contadas a través de la mirada de dos hombres (el marido y el policía), y las mujeres, y sobre todo sus cuerpos, están completamente supeditadas a su deseo o a su repulsión: tetas, culos, entrepiernas, todo se valora en función de si al personaje masculino le gusta o no le gusta, le provoca o no le provoca una erección. Y si a mí, que soy hombre, me ha resultado incómodo por momentos, me imagino lo que les debe haber parecido a muchas lectoras...
  • Porque la novela da en general una impresión de precipitación, quizás (lo digo siendo un poco malo) porque había prisa para publicarla antes del verano y aprovechar el tirón del tema asociado a este época. 
Resumen: Que conste que Resort es una lectura ligera y generalmente amena, o sea, puede ser una buena lectura para llevar a la playa, como esos "culebrones" de verano que publican los periódicos. Pero había muchas otras novelas que Resort podía haber sido, y que creo que me habrían gustado mucho más:
  • Una comedia alocada, tipo Wilt, sobre las relaciones que se establecen en un resort vacacional;
  • Una comedia más profunda y más crítica sobre consumismo, globalización, turistificación, etc.
  • Una novela policiaca con todas las de la ley, sobre la desaparición de un niño en un pueblo de playa (¿alguien recuerda a Maddie McCann?)
  • Una novela opresiva y quizás hasta fantástica, estilo Ballard, sobre un puñado de veraneantes obligados a convivir durante tres días (o más), con una tensión creciente que lleva a la violencia, al sexo, a la autodestrucción...
En fin, Resort podía haber sido cualquiera de estas novelas, pero es la novela que es; personalmente, solo puedo darle un "se deja leer", y esperar a la siguiente novela de Juan Carlos Márquez, a ver en qué género decide adentrarse.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Colaboración. Arturo Pérez-Reverte: Falcó

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2016
Valoración: se deja leer

Lorenzo Falcó es el mercenario ficticio que Arturo Pérez-Reverte ha concebido para dar pie a un ciclo que constará, por lo pronto, de este primer volumen y de otro más, que llevará por título Eva. La Guerra civil no es un ambiente ajeno a los escritos del autor cartaginés: antecedentes suyos que trataron el tema serían las colaboraciones en El Semanal de ABC o el tomo La Guerra civil contada a los jóvenes. La imprecisa postura que mantiene sobre esta cuestión continúa enfrentando a sus seguidores y detractores en una polémica que se anuncia duradera.

El libro presenta un tiempo —aquellas décadas del siglo XX que explotaron a España como laboratorio político— y un país —espías a pie de pista, bien o mal pagados; más libertinaje militar del que se piensa; una nación dividida en bandos, suscritos a su vez a lealtades que actúan como infamantes parteaguas. En medio, una galería de caracteres distintivos de su creador que se relacionan de diversas maneras (escabrosos erotismos incluidos) con el agente secreto Falcó, encargado del motín que pretende liberar a Primo de Rivera de la prisión de Alicante. Su jefe es un almirante gallego ocupado con frecuencia en sacarle las castañas del fuego. Los secuaces, Eva Rengel, intachable mujer fatal; Juan Portela y los hermanos Cari y Ginés Montero, falangistas disconformes con las órdenes del protagonista; y algún secundario ocurrente, como el sicario Araña o el confiado Estévez.

Tal vez la obra ejerza como punto de partida de las siguientes entregas. Para calificarla de sospechosa basta saber que la constante puesta en escena de personajes y lugares comunes cede poco paso a la acción, así como que Reverte (tan contrario a Faulkner o Bolaño) nunca da cabida al pretexto estilístico. El tan provechoso paso del río Pisuerga por Valladolid permitiría debatir ad infinitum si la serie que comienza con Falcó no será, en realidad, una treta por parte de narrador o editorial con el fin de sacar una rentabilidad parecida a la que proporcionaron Las aventuras del capitán Alatriste, cuyo estreno, por cierto, tenía mucho más contenido. No sé si a medida que se conozcan las andanzas de este espía el interés individual de su primer tomo disminuirá. El aleatorio público me dispensará que sea poco adepto a los (casi siempre) excusables alargamientos y, por ende, persona desautorizada a la hora de juzgar este aspecto, típico de sagas como la que comienza con esta novela.

Firmado: César Muñoz


Otros libros de Arturo Pérez-Reverte en ULAD: Cabo TrafalgarLa sombra del águilaEl maestro de esgrimaLa reina del surHombres buenos

domingo, 17 de septiembre de 2017

Adam Haslett: Aquí no eres un extraño

Idioma original: inglés
Título original: You Are Not a Stranger Here
Año de publicación: 2002
Valoración: muy recomendable

En este libro de relatos cortos, primera obra del autor, Haslett escribe sobre lo que mejor se le da: el retrato de personas. Dando rienda suelta a su dialéctica rápida y de verbo fácil, lo que nos ofrece el autor en este conjunto de relatos es una imagen variopinta de diferentes personalidades que podríamos encontrar en este, cada vez más, uniformizado mundo.

Los relatos que encontramos en este libro tienen un nexo común: la fragilidad psicológica de sus protagonistas. Así, asistimos a un conjunto de historias donde encontramos personas mayores que necesitan de la compañía de alguien joven para que les alegre el día, un médico volcado en su profesión que empatiza en exceso con sus pacientes, la relación a tres bandas entre dos hermanos y otra persona común a ellos, un hombre con depresión que necesita un cambio a su vida (aunque él no es muy consciente de ello) y así hasta completar las nueve historias, todas independientes entre ellas.

Dicho así, podríamos estar hablando de un libro triste, pero la sensación global que deja este libro es de una gran redondez: las historias comparten un tono muy similar, un nexo común en torno a la fragilidad de las personas que sufren algún tipo de problema psicológico, o a veces no es tal, sino simplemente alguna carencia afectiva  emocional; o temor, o dudas, o incertezas que preocupan a sus personajes. En función del relato vemos las diferentes gravedades de tales problemas, y la variedad de enfoques posibles. La forma hábil en que el autor los expone, los trata, y los analiza deja como recuerdo un sinfín de sentimientos que giran en torno a la soledad, a la necesidad, al cariño, a la calidez, al trato humano siempre necesario y cada vez más difícil de encontrar de forma desinteresada.

Como ocurre en la mayoría de libros de relatos, hay algunos mejores que otros, pero todos ellos son, como mínimo, buenos. La gran habilidad de Haslett es retratar estos personajes y aquello que sienten. El autor se encuentra como pez en el agua en la definición de los personajes y consigue que fácilmente uno conecte con ellos de forma que parece como si les conociera de antemano, imprimiendo un ritmo alto que fácilmente contagia al lector, incrementando su avidez lectora. En los relatos narrados sus personajes sufren, y el lector con ellos. Hay mucha pena en los relatos, una gran fragilidad en los caracteres de sus protagonistas, cierta aura de incomprensión y mucha solitud, pero, por encima de todo, hay calidez y ternura. Y un deseo evidente de hacernos reflexionar sobre qué sienten aquellas personas que tenemos cerca y de hacernos ver que, en el fondo, todos necesitamos de alguien que esté a nuestro lado.

Otras obras de Adam Haslett en ULAD: Imagina que no estoy, Union Atlantic

sábado, 16 de septiembre de 2017

Nicos Casandsakis: El capitán Mijalis



Idioma original: Griego
Título original: Ο Καπετάν Μιχάλης
Año de publicación: 1950
Traducción: Carmen Vilela Gallego
Valoración: Está bien



Griegos y turcos. Cristianos y musulmanes. Tan parecidos. Tan mediterráneos. Tan suspicaces y encarados. La pelea, la inquina y la sangre derramada ha sido frecuente y regular, al menos en los últimos doscientos años. El listado de agravios y cuentas pendientes por ambas partes es extenso, inacabable. Y la literatura, como no, también ha contribuido con generosidad.

Deliberadamente, con ánimo de arrojar gasolina al fuego del enfrentamiento para enardecer el espíritu nacional griego en el Chipre dominado por los británicos tras la II Guerra Mundial, lo hizo Nicos Casandsakis en 1950 escribiendo El Capitán Mijalis (Llibertad o Muerte) que ambientó en su Creta natal, a finales del siglo XIX, todavía sometida al dominio del Imperio Otomano. Casandsakis (Heraklion, Creta, 1883) recurrió a las figuras de su abuelo y de su padre para la caracterización del protagonista, un atormentado, belicoso y fanático burgués cretense que renunció a la sonrisa de por vida, hasta que la isla no se sacudiese el yugo turco. La acción se sitúa en el levantamiento de 1889, que a la postre no fue más que otro estallido en la secuencia de episodios violentos entre ambas comunidades: 1821, 1834, 1841, 1854, 1866, 1878…

No obstante, Casandsakis no cayó en la simpleza de enaltecer a unos para denigrar a los otros y por eso la novela se puede seguir leyendo con interés hoy en día. En general, los turcos son taimados, volubles y aprovechados, pero los griegos no les andan a la zaga; resignados, vacilantes, interesados. Hasta que la paciencia se agota, la tierra reclama su tributo de venganza y libertad, la sangre empieza a hervir y el cierre de filas desata, nuevamente, la violencia: “¡Fuego a los pueblos! ¡Hacha a los árboles! ¡Aniquilación! ¡Lágrimas y sangre!”.

El propio Capitán Mijalis es víctima de su carácter taciturno y endiablado y su comportamiento está sometido a las pulsiones eróticas que le despierta una mujer musulmana y a su propia incapacidad de mantener cierta coherencia ante los demás, inepto para manejarse más allá de la bravuconería y el exabrupto. Así que en las páginas de El Capitán Mijalis hay prosa inflamada alentando el globo de la épica colectiva, emancipadora y liberadora, pero también personajes mezquinos y desastrados que no merecen mejor suerte que la que les depara la pétrea y cruda realidad cotidiana. Es en el desamparo y la fatalidad en el que Dios mantiene a los cretenses –como representación de la Humanidad- donde hay que buscar inspiración y fuerzas para salir adelante como sea posible, viene a explicarnos Nicos Casandsakis, pues solos estamos y a nada ni nadie que no seamos nosotros mismos podemos recurrir. 

Es en el tono trágico con el que el autor levanta esta epopeya excelentemente ambientada y con un repertorio de personajes secundarios memorable –Casansdakis retrata con especial viveza la atmósfera social de un momento, componiendo con sagacidad ambientes minuciosos, orgánicos- donde está el corazón de la novela. Un relato que va bombeando dramatismo, en algunos pasajes con tremendista desmesura, y que dispone del aliento preciso para que el interés por la lectura no decaiga y finalmente asistamos compungidos a la proclama que acompaña al título: Libertad o muerte

Por su parte, diez años después de la publicación de este libro, Chipre obtuvo su independencia de Gran Bretaña, nombrando presidente de la República a Michail Chritodulu Muskos, el arzobispo Makarios de la Iglesia Ortodoxa. Cristianos y musulmanes, griegos y turcos, volvieron a la greña en 1963 y 1967, hasta el enfrentamiento armado abierto en 1974, en el que la isla quedó definitivamente partida, incluso con un muro en la capital Nicosia, hasta la actualidad.


Otros libros de Nicos Casandsakis (también transcrito como Nikos Kazantzakis) en ULAD: Zorba el Griego

viernes, 15 de septiembre de 2017

Antonio Scurati: El padre infiel

Idioma original: Italiano
Título original: Il padre infidele
Año de publicación: 2014
Traducción: Xavier González Rovira
Valoración: Recomendable

Este libro, como tantos otros, comienza por el final, con un tajante "quizá no me gustan los hombres".

En un contexto general de crisis económica, política y social, llega una crisis doméstica; una crisis a pequeña escala pero, a la vez, más dolorosa para sus protagonistas. Parece que el amor se acabó, surgen las preguntas, las dudas y lo que es un "punto y final" pasa a ser el punto de inicio de una novela introspectiva en la que Glauco Ravelli pasará revista al período de su vida comprendido entre la finalización de sus estudios universitarios y la finalización de su matrimonio, tratando de ver qué ha podido fallar o cómo se ha llegado a ese punto en un mundo en el que a uno le hacen creer que la felicidad está tan al alcance de la mano (una lata de refresco, el nuevo móvil de última generación, un coche...)

Glauco tiene algo más de 40 años, estudió Filosofía pero trabaja como chef en el restaurante que fuera de su padre, está casado y tiene una hija pequeña. Es alrededor de estos hechos sobre los que gira la novela: el matrimonio y, sobre todo, la paternidad. Y también sobre la eterna búsqueda de la felicidad.

El matrimonio y la paternidad son, en gran medida, desmitificados. Porque ninguna de las dos cosas son el "paraíso" que nos habían prometido. Porque la paternidad, pese a ser el acontecimiento más importante en la vida de ambos, no es generadora por sí misma de felicidad. Todo pasa a girar alrededor de Anita. Glauco y Guilia pierden su individualidad, comienzan a alejarse y empieza el desmoronamiento. La felicidad, ese nuevo Dios moderno y accesible (a priori) del siglo XXI, se nos escapa y buscamos una grieta a través de la cual huir de esa sensación de hastío, de infelicidad y de nostalgia.

Scurati construye un retrato generacional bastante certero (mucha gente se sentirá muy identificada con la historia de Glauco), con buenas dosis de acidez, mención honorífica a las clases de preparación al parto y a la cena en un sofisticadísimo restaurante milanés, y amargura. Un libro que me ha gustado más en su vertiente ensayística o sociológica que en su parte ficcional y que, en cualquier caso, es altamente recomendable para padres (primerizos o no) y para futuros padres. Mucho más útil que cualquier guía de tres al cuarto que se pueda encontrar por ahí.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Wu Ming: El Ejército de los Sonámbulos

Idioma original: italiano
Título original: L'armata dei sonnambuli
Año de publicación: 2014
Traducción: Juan Manuel Salmerón
Valoración: bastante recomendable


Vuelve Wu Ming, aun con un poco de retraso para los hispanolectores, qué se le va a hacer... Pero vuelve Wu Ming y eso no puede sino ser una buena noticia, más aún porque vuelven con una nueva novela histórica ambientada en el periodo que , de una forma u otra, era inevitable que alguna vez tocara este colectivo -supuestamente- de escritores italianos: la Revolución Francesa, madre y padre de todas las que vinieron después... y hasta de las que sucedieron antes, que también las hubo. A la época más dura de dicha revolución, además: los primeros tiempos de la Convención y el Terror, pues la narración comienza en enero de 1793, cuando es guillotinado el rey Lui... perdón, en ciudadano Capeto y se extiende por todo ese año y el de 1794. Una interesante visión, por tanto de esa época que  inauguró el concepto de "terrorismo", ya que como bien recuerda Cristina Morales, el terrorismo, en un principio, estaba íntimamente asociado a la creación del estado moderno, y no sólo era cosa de unos gilipollas fanáticos con una furgoneta de alquiler (esto lo digo yo, no ella).

Novela, además y al igual que sus presuntos autores, de vocación coral -pues ya se sabe que el protagonista de la revolución ha de ser el pueblo y tal y cual-, aunque en realidad los Wu Ming se centran sobre todo en un puñado de personajes más o menos representativos...o quizás simplemente adecuados para la trama: Marie Nozière, costurera del barrio de San Antonio y, en principio , una de las célebres "brujas de la Montaña"; Treignac, policía del barrio enamorado de ésta; Leonida Modonesi, actor italiano admirador de Goldoni y habitual intérprete de Scaramouche; Orphée d'Amblanc, médico veterano de la guerra de América, estudioso y practicante de las enseñanzas sobre el "fluido magnético" de Mesmer, y el caballero conocido por Laplace, contrarrevolucionario y también conocedor de las técnicas de magnetización y sonambulismo, que se ha ocultado de los revolucionarios en el manicomio de Bicêtre... La acción, como es de esperar, se centra en Paris -magníficamente logrado el ambiente revolucionario de la época, creo yo-, pero a partir de un momento la narración se bifurca, cuando el ciudadano D'Amblanc es enviado a la Auvernia para investigar unos curiosos y tal vez peligrosos para la República casos de sonambulismo y hasta licantropía.

La novela,  además de fresco histórico, tiene un poco de folletín y hasta de pastiche, de novela de aventuras y cómic de superhéroes, de El pacto de los lobos y Batman Begins... Es también, claro está, una reveladora radiografía de un proceso revolucionario y de su reverso (y muchas veces prima hermana), la contrarrevolución -que nadie se equivoque: la impronta contestataria de los Wu Ming no impide que éstos reflejen en la novela todos los excesos sanguinarios de unos y de otros, que fueron muchos-; un proceso en el que sus actores se entregaron con fruición al enfrentamiento de unas facciones con otras, a la denuncia y aniquilación del supuesto aliado, más incluso que del enemigo político, en imponer su visión de como debía ser y comportarse el ciudadano virtuoso y, todavía más, la ciudadana virtuosamente revolucionaria... en fin, lo que viene siendo Twitter un día cualquiera, para entendernos. Sólo que con Madame Guillotine trabajando a destajo... y nunca mejor dicho.

Y, sobre todo, lo que pone de relieve el libro, ya desde su portada y la organización de los capítulos, es el carácter esencialmente teatral de toda política, sobre todo en momentos como los que describe, cuando la pura oratoria y los gestos de ciertos líderes eran capaces de provocar matanzas y cuando el pueblo en armas se convertía en actor principal de una obra que oscilaba entre lo cómico y la tragedia, como pocas otras veces en la Historia. Una tragicomedia en la que participaban hasta los locos, que quizás fueran los más cuerdos de toda la compañía...  Sería recomendable no olvidarlo.


Otros títulos de Wu Ming y demás, reseñados en Un Libro Al Día: ManituanaQ

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Ian McEwan: Cáscara de nuez

Resultado de imagen de cascara de nuez ian mcewan amazonIdioma original: inglés
Título original: Nutshell
Año de publicación: 2016
Valoración: Se deja leer





Vaya por delante que acabar esta novela me ha costado un triunfo. Los días pasaban y el marca-páginas no se movía gran cosa. Leía un par de líneas y me ponía a pensar en lo que fuese, avanzaba otro renglón y se me volvía a ir la cabeza, cualquier palabra servía para enganchar ideas que desviaban mi atención. Si he conseguido acabarla se debe a un esfuerzo ímprobo, no al disfrute, la intriga ni a ninguno de los elementos que sirven para fidelizar al lector. ¿Ustedes no se sentirían molestos si piensan que les están engañando palabra por palabra?
Cómo supondrán, lo de la nuez es una metáfora. No puedo desvelar a qué alude pues les mostraría la clave de la novela, su máxima originalidad y gran hallazgo. (Eso, al menos, es lo que debió pensar McEwan). 
Lo habitual, cuando se comenta una obra de ficción, es hablar sin tapujos de lo que aparece en las primeras páginas ya que nadie lo considera un misterio. Pero este caso me parece especial, así que tendré cuidado en no mostrar la carta por la que ha apostado el novelista y les recomiendo que procuren no leer sinopsis previas.
Es el momento de aclarar que es, precisamente, esa carta oculta –en mi opinión el colmo de lo inverosímil– lo que me disgustó tanto, me impidió disfrutar de la lectura y la alargó mucho más de lo deseable para una obra de poco más de doscientas páginas sin ninguna dificultad, al contrario, demasiado lineal para mi gusto. Y aquí aparecen otros obstáculos que también dificultaron mi labor: personajes tópicos y predecibles, un argumento calcado de novelas bien conocidas, nula complejidad de una acción que podría haberse resuelto en cuatro o cinco páginas, desenlace que no es más que un sencillo fuego de artificio, pues no solo es abierto es que además se refugia en lo obvio.
Nada nuevo bajo el sol: marido, amante, asesinato, testigo, decadencia. ¿A alguien le suenan estos ingredientes? Efectivamente, con dos enfoques muy distintos podemos encontrarlos en Thérèse Raquin (1868), de Zola y en El cartero siempre llama dos veces (1934), de James M. Cain, nada menos.
Pero lo principal, la famosa carta –que, como digo, McEwan se guarda en la manga muy poco tiempo, ya que solo hay que abrir el libro y leer la primera línea para que quede boca arriba– no es otra que la identidad del narrador, lo que se suele denominar punto de vista. Si la he definido –y lo mantengo –como el colmo de lo inverosímil es, simplemente, porque su pensamiento y opiniones, así como su carácter observador, están en abierta contradicción con su idiosincrasia. Yo la veo como una de esas ideas que parecen geniales a primera vista y que no tardan en desecharse por no resistir una segunda ojeada, me parece un recurso que no se puede permitir ni un principiante, mucho menos un escritor tan justamente reputado como este. En casos así, suelo atribuir los errores a la presión editorial, que quizá no deja tiempo a los autores para plantearse construcciones más sólidas. Pero vaya usted a saber, tampoco hay que disculpar al que escribe solo porque su obra, en general, pueda calificarse de magnífica.
Un pequeñísimo botón de muestra:
“… Sobre la esperanza: he sabido de las últimas matanzas como consecuencia de la búsqueda de sueños de la otra vida. Caos en este mundo, felicidad en el otro. Jóvenes de barba reciente, hermosa tez y largas armas de fuego en el Boulevard Voltaire, mirando a los ojos incrédulos y hermosos de su propia generación. No fue el odio lo que mató a los inocentes, sino la fe, ese fantasma famélico, todavía venerado, incluso en barrios más tranquilos. Hace mucho tiempo alguien sentenció que la certeza infundada era una virtud. Ahora lo dice la gente más educada…” *
¡Venga ya! ¿Alguien duda de que esto lo ha escrito (dicho, pensado) una persona educada y culta, de nacionalidad británica, o al menos de mentalidad  occidental, con personalidad moldeada en el ámbito universitario y más de seis décadas a cuestas? Ian McEwan sin ir más lejos ¿no? Desde luego, es obvio que se trata de la crónica de un escritor en su última fase vital y del resumen de todo un siglo efectuado por uno de sus influencers. Si lo que deseaba era hacer algo así –un proyecto tan legítimo como plausible– debería haber tomado otro camino, creo yo. Nada de novela negra fallida ni de narrador absolutamente improbable que, además, constituyen un lastre para ese testimonio vital en potencia.

(*)Traducción de Jaime Zulaika

También de McEwan: Sábado, Solar, Chesil Beach, Expiación